La Musicoterapia ayuda a cubrir las carencias existentes en los diferentes tipos de personas que presentan necesidades especiales y circunstancias de carácter diverso, por lo que precisan la adquisición de logros educativos y/o terapéuticos para conseguir mayor autonomía.

sábado, 9 de febrero de 2013

Preludio a la siesta de un fauno

La encantadora música de Claude Debussy en una de sus manifestaciones más sobresalientes, el Preludio a la siesta de un fauno, animada por una máquina de música visual, es un tentempie irresistible para esta tarde sabatina, languidez onírica entrecortada por fuertes paisajes ferales. La animación es un pretexto, un flujo para acompañar un estado de revuelo hipnagógico y deslizarse entre las gotas de colores en la oscuridad. Un proceso de sinestesia digital.
Debusy compuso esta pieza basándose en poema bucólico de Mallarme que fuera ilustrado por Manet. La composición muestra un giro en la obra de Debussy, dejándose llevar por la impresión que le dejó el poema de Mallarme e innovando en el uso de los instrumentos.

Música analgésica




Durante mucho tiempo se ha discutido el efecto de la música en la salud corporal, no solo en sus evidentes consecuencias psicológicas —la música puede lo mismo relajar que crispar los nervios— sino en aspectos mucho más fisiológicos equiparables a los que busca la medicación farmacéutica.
Recientemente un equipo de investigadores de la Universidad de Utah realizó un experimento en que se aplicó a ciertos voluntarios choques eléctricos en intensidad creciente sobre sus manos, al tiempo que escuchaban música y se les pedía que identificaran ciertas notas y tonos. Midiendo la dilatación de sus pupilas y la actividad cerebral, los científicos encontraron que conforme las personas se enfocaban en las melodías, experimentaban mucho más alivio a su dolor. Además, el efecto fue mucho más notorio en aquellos que habían mostrado mucho más ansiedad al inicio de la prueba.
Estos resultados se complementan con los de un estudio sueco de 2009 en que se mostró que niños expuestos a terapia musical después de una cirugía menor requirieron cantidades menores de morfina en comparación con aquellos que no contaron con este tratamiento.
Lo que queda por analizar, sin embargo, es el efecto de esta terapia alternativa, pues hay quienes aseguran que el impacto de la música sobre el dolor no es suficiente como para convertirse en sucedáneo de medicamentos analgésicos. Sea como fuere, sin duda vale la pena experimentar en carne propia y la próxima ocasión que sobrevenga algún tipo de dolor físico, correr no a la farmacia o al botiquín, sino a un reproductor de sonido y elegir una pieza que, según el gusto personal y el conocimiento que de sí tenga cada quien, parezca más apropiada para aliviar nuestros dolores.

jueves, 7 de febrero de 2013

El ritmo y el control de la impulsividad




(cc) Junction Festival
(cc) Junction Festival
Investigaciones recientes muestran que el uso de patrones rítmicos facilita la respuesta óptima en el tiempo, por lo que el entrenamiento mediante ritmos podría proponerse como terapia novedosa ante problemas como la impulsividad. Esto podría beneficiar a pacientes con daño prefrontal o personas con trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), que suelen mostrar conductas impulsivas, así como dificultad para estimar el paso del tiempo.
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¿Quién no ha cantado o bailado al son de una canción? El ritmo de la música parece proporcionar información temporal predictiva y fiable. Es decir, todo el mundo sabe cuándo será el siguiente “pulso” rítmico de la canción (sobre todo si es conocida), lo cual nos permite sincronizar nuestros movimientos con el ritmo. El ser humano tiene la capacidad de emitir sus respuestas en el momento óptimo, y los ritmos proporcionan una información predictiva poderosa (Barnes y Jones, 2000). Así, de forma automática y sin necesidad de pensar, el ritmo induce en el individuo una expectativa temporal, que le permite anticipar cuándo va a suceder el siguiente evento (algo que hacen incluso los bebés, Sanabria, 2008).
En la última década se ha retomado el estudio científico del tiempo y su relación con diversas alteraciones en las que las personas dan respuestas adecuadas, pero en momentos inoportunos, es decir, responden precipitadamente antes de tiempo. Así, la impulsividad mostrada por pacientes con daño cerebral en el lóbulo prefrontal o por niños con trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) parecen relacionadas con dificultades en la estimación y preparación temporal (Berlin, Rolls y Kischka,, 2004; Toplak, Dockstader y Tannok, 2006). Actualmente los problemas de impulsividad se interpretan únicamente como un déficit en el control cognitivo y comportamental, por lo que su intervención se basa principalmente en dotar al paciente de estrategias que le permitan autocontrolar su conducta. Sin embargo, dada la relación cada vez más evidente de la impulsividad con los procesos temporales, abordar los problemas conductuales de estos pacientes desde paradigmas de preparación temporal podría ser no sólo novedoso teóricamente, sino también un avance en la eficacia de su terapia neuropsicológica. De hecho, algunas investigaciones han mostrado cómo pacientes con lesión prefrontal son capaces de sincronizarse con un patrón rítmico (Berlin y cols., 2004). Esta capacidad predictiva de los ritmos se ha relacionado también con mejoras en la atención de niños con TDAH (Shaffer y cols., 2000).
Recientemente, un estudio de nuestro laboratorio (Triviño, Correa, Arnedo y Lupiáñez, 2010; véase también Triviño y col, 2010) encontró que los pacientes con lesión prefrontal derecha mostraban dificultades para responder de forma adecuada y anticipar la llegada de los estímulos cuando tenían que utilizar información temporal explícita proporcionada por una señal no rítmica, es decir, un símbolo arbitrario al que se le atribuye información temporal (en nuestro caso, una línea corta o larga que indicaba un intervalo corto o largo, véase la Figura 1). En cambio, los pacientes con lesión prefrontal izquierda presentaron una ejecución semejante al grupo control sano.
Figura 1
Figura 1.- Secuencia de acontecimientos en la tarea con señal simbólica. Primero se presentaba a los participantes una señal temporal que podía ser una línea corta o larga que indicaba la aparición del estímulo en 350 o 1.350 ms, respectivamente. A continuación, la pantalla quedaba en blanco durante un intervalo de tiempo de 350 o 1.350 ms. Inmediatamente después del intervalo corto o largo, aparecía una letra ante la cual los sujetos debían responder. Se manipulaba la validez de la señal, de forma que en un 75% de las ocasiones la línea indicaba correctamente el momento de aparición de la letra (i.e., línea corta-pronto y línea larga-tarde), pero en un 25% de los ensayos la señal era inválida (i.e., línea corta-tarde y línea larga-pronto). Si la persona usa la información temporal proporcionada por la línea, responde más rápidamente cuando la señal es válida que cuando es inválida.
Basándonos en estos resultados, realizamos otro estudio (Triviño y col., 2011) donde comparamos esta misma señal con una de tipo rítmico (Figura 2), con la intención de observar si los pacientes con lesión prefrontal derecha podrían mejorar su ejecución. En este caso, la señal consistía en unas líneas que aparecían o desaparecían con un ritmo rápido o corto, de forma que el propio ritmo informaba a los sujetos acerca de cuándo aparecería el estímulo.
Figura 2
Figura 2.- Procedimiento en la tarea con señal rítmica. La única diferencia es que la señal consistía en una doble línea que aparecía y desaparecía cinco veces con un patrón rítmico rápido (cada 350 ms) o lento (cada 1350 ms). La quinta y última línea mostraba un mayor grosor para alertar a los participantes de la aparición de la letra y, por tanto, del momento para preparar su respuesta (pronto o tarde, respectivamente).
Tal y como esperábamos, al utilizar la señal simbólica encontramos una réplica de los resultados previos (véase la Figura 3A): los pacientes prefrontales derechos no fueron capaces de beneficiarse de la señal para preparar su respuesta. Sin embargo, cuando se utilizaron ritmos visuales para proporcionar la información temporal, la ejecución de los pacientes con lesión prefrontal derecha mejoró claramente, igualándose a la de los controles (véase la Figura 3B). Curiosamente, los pacientes con lesión prefrontal izquierda empeoraron su ejecución con los ritmos. Esto nos proporciona unos resultados interesantes para continuar investigando cómo se procesa la información temporal automática (ritmos) en contraposición con la información temporal proporcionada por claves simbólicas. Algunos estudios, de hecho, apuntan a una mayor lateralización izquierda en el procesamiento de ritmos (Grahn y McAuley, 2009), mientras que otros encuentran una lateralización derecha en la preparación temporal y espacial basada en señales simbólicas (Coull, Frith, Büchel y Nobre, 2000).
Figura 3
Figura 3.- A) Preparación temporal (diferencia entre señal válida e inválidad) en la tarea simbólica en el grupo de pacientes prefrontales izquierdos, de pacientes prefrontales derechos y en el grupo control. B) Preparación temporal en la tarea de ritmos.
Estos resultados son relevantes de cara a la rehabilitación neuropsicológica, ya que justifican el uso de patrones rítmicos predictivos y tareas de sincronización para reducir problemas conductuales en pacientes con daño cerebral adquirido, así como en otras poblaciones en las que se han relacionado los déficits motores y conductuales con alteraciones en la percepción temporal, tales como la enfermedad de Parkinson, corea de Huntington, esquizofrenia, trastorno límite de la personalidad o TDAH. Sin embargo, puede que los patrones rítmicos no beneficien a todos los pacientes y, por tanto, se necesita más investigación.

Referencias
Barnes, R., y Jones, M. R. (2000). Expectancy, attention, and time. Cognitive Psychology, 41, 254–311.
Berlin, H.A., Rolls, E.T., y Kischka, V. (2004). Impulsivity, time perception, emotion and reinforcement sensitivity in patients with orbitofrontal cortex lesions. Brain, 127, 1108-1126.
Coull, J. T., Frith, C. D., Büchel, C., y Nobre, A. C. (2000). Orienting attention in time: Behavioural and neuroanatomical distinction between exogenous and endogenous shifts. Neuropsychologia, 38, 808–819.
Grahn, J. A., y McAuley, J. D. (2009). Neural bases of individual differences in beat perception. Neuroimage, 47, 1894–1903.
Shaffer, R. J., Jacokes, L. E., Cassily, J. F., Greenspan, S. I., Tuchman, R. F., y Stemmer, P. J. (2001). The effect of interactive metronome training in children with ADHD. The American Journal of Occupational Therapy, 55, 155-162.
Toplak, M.E., Dockstader, C., y Tannok, R. (2006). Temporal information processing in ADHD: Findings to date and new methods. Journal of Neuroscience Methods, 151, 15-29.
Triviño, M., Arnedo, M., Lupiáñez, J., Chirivella, J., y Correa, A. (2011). Rhythms can overcome temporal orienting deficit after right frontal damage. Neuropsychologia, 49, 3917-3930.
Triviño, M., Correa, A., Arnedo, M., Lupiáñez, J. (2010). Temporal orienting after prefrontal damage. Brain, 133, 1173–1185.

Mónica Triviño (a), Marisa Arnedo (b), Juan Lupiáñez (c) y Ángel Correa (c)
(a) Servicio de Neuropsicología, Hospital Universitario San Rafael, Granada, España
(b) Dept. de Psicobiología, Universidad de Granada, España
(c) Dept. de Psicología Experimental, Universidad de Granada, España

Tomado de: http://medina-psicologia.ugr.es/cienciacognitiva/?p=569

Cerebros musicales sexuados


(cc) AndreyphotoLos cerebros masculino y femenino difieren en su experiencia musical estética: en las mujeres participa una red más amplia en las emociones musicales. La emoción agradable enlaza todo el hemisferio izquierdo y la desagradable los dos lóbulos frontales. En los hombres, en cambio, participan solamente las regiones anteriores y posteriores para la emoción agradable, y el lóbulo frontal derecho en la desagradable. Esto puede estar relacionado con la tendencia femenina a unificar la lógica y la emoción en una misma experiencia.
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Desde hace varios años, en nuestro laboratorio venimos desarrollando un proyecto dirigido a investigar el fundamento nervioso de la emoción musical. En este proyecto hemos escogido como estímulos musicales obras maestras de la música clásica, calibradas por su capacidad de inducir emociones positivas de placer y negativas de desagrado en numerosos grupos de participantes (Díaz, Flores-Gutiérrez, del Río-Portilla, y Corsi-Cabrera, 2009). Para medir la emoción subjetiva inducida por la música usamos escalas de adjetivos que denotan emociones, también validadas independientemente (Díaz y Flores, 2001; Flores-Gutiérrez y Díaz, 2009) y cuya estructura identifica cinco grandes factores: agradabilidad, tristeza, activación y atención (Ramos, Guevara, Martínez, Arce, del Río-Portilla y Corsi-Cabrera, 1996). Finalmente, utilizamos dos técnicas de imágenes cerebrales para investigar la activación cerebral: la resonancia magnética funcional (fMRI) y la actividad eléctrica cerebral (EEG) (Flores-Gutiérrez, Díaz, Barrios, Favila-Humara, Guevara, del Río-Portilla y Corsi-Cabrera, 2007; Ramos y Corsi-Cabrera, 1989). La fMRI permite visualizar las zonas activas del cerebro durante el estímulo musical y el EEG permite seguir los cambios inducidos por el flujo continuo de los sonidos musicales y obtener un promedio temporal de la actividad cerebral.
En una fase reciente de nuestro proyecto sobre los fundamentos nerviosos de la emoción musical nos ha interesado un hecho bien establecido. La genética y la influencia de las hormonas sexuales, en constante interacción con el medio ambiente y la cultura, confieren a los cerebros masculino y femenino una organización distinta. El cerebro masculino es más especializado intra e interhemisféricamente, mientras que el femenino tiene una organización funcional más homogénea, con mayor conectividad funcional y coherencia (o sincronía) eléctrica interhemisférica. Ello resulta en diferencias sexuales en la cognición y la emoción (Corsi-Cabrera, Del Río-Portilla y Muñoz-Torres, 2007).
La mayor relación funcional entre hemisferios en las mujeres puede subyacer a la mayor utilización combinada de los modos de procesamiento de ambos hemisferios, permitiéndoles atender e integrar mejor el contenido verbal y emocional de los mensajes. Por ejemplo, las mujeres detectan mejor que los hombres la entonación de sonidos no verbales, la congruencia o incongruencia entre el contenido verbal y la entonación emocional, y categorizan más fácilmente la emoción expresada en los rostros. La reacción a la música también es diferente: las mujeres prefieren la música suave y reaccionan más positivamente a ella, mientras que los hombres prefieren músicas más enérgicas, como el rock.
Por lo tanto, investigamos las redes cerebrales de actividad coherente (síncrona) relacionadas con la emoción subjetiva al escuchar música en un grupo de hombres y otro de mujeres mediante una técnica especial de correlación entre electrodos (Flores-Gutiérrez, Díaz, Barrios, Guevara, del Río-Portilla y Corsi-Cabrera, 2009). Para esto se registró la actividad eléctrica cortical mientras los voluntarios escuchaban en diferente orden tres obras maestras de la música seleccionadas por su capacidad para inducir emociones agradables o desagradables (Flores-Gutiérrez y Díaz, 2009; Ramos y col., 1996). Para inducir emociones musicales placenteras y relajadas se presentó una pieza suave de piano en tempo andante (Invención para tres voces, BWV 789 de J. S. Bach) y otra orquestal y dramática para inducir activación además de agrado (segundo movimiento allegro-agitato de la sinfonía número 5 de Mahler). Para inducir emociones desagradables utilizamos una composición inquietante de Prodromidès para la película Danton. Cada pieza se dividió en segmentos consecutivos de 30 segundos, intercalados con ruido blanco de estática de radio de la misma duración. Después de cada pieza, los participantes evaluaron sus emociones en 19 escalas. Se obtuvieron las redes coherentes para cada tipo de emoción, y como control las inducidas por el promedio de las tres músicas y el ruido.
Figura 1
Figura 1.- Actividad alfa-coherente durante la emoción inducida por la música en hombres y en mujeres.
Descubrimos que distintas redes coherentes de actividad alfa (entre 8 y 12 Hz) distinguen a las emociones placenteras de las desagradables inducidas por la música en hombres y en mujeres. La emoción musical agradable se caracteriza por una red coherente formada por regiones frontales y regiones posteriores de asociación izquierdas. Como puede verse en la Figura 1, la red es notoriamente más amplia en las mujeres que en los hombres, relacionando las regiones posteriores de asociación con el resto del hemisferio izquierdo. La emoción musical desagradable se acompaña por una red que liga regiones frontales con la línea media. En los hombres, ésta involucra la región frontal derecha, mientras que en las mujeres la participación frontal es bilateral. La participación de redes más amplias en las mujeres es consistente con la idea de que las mujeres unifican la lógica y la emoción en una misma experiencia.
Los estudios de las bases neurológicas de la música se inscriben en una nueva tendencia de analizar la actividad cerebral durante la experiencia estética, que abre un campo interdisciplinario fascinante entre las disciplinas biológicas y las humanidades.

María Corsi-Cabrera (a) y José Luis Díaz (b)
(a) Facultad de Psicología, Universidad Nacional Autónoma de México, México
(b) Departamento de Historia y Filosofía de la Medicina, Facultad de Medicina, Universidad Nacional Autónoma de México, México
Referencias
Corsi-Cabrera, M., Del Río-Portilla, Y., y Muñoz-Torres, Z. (2007) Sex-steroid dimorphic effects on functional brain organization: Differences in cognition, emotion and anxiolysis. En: M. T. Czerbska (Ed.) Psychoneuroendocrinology Research Trends. New York: Nova Science Publishers, Inc. pp. 7-72.
Díaz, J. L., Flores-Gutiérrez, E., del Río-Portilla, Y., y Corsi-Cabrera, M. (2009) Musical emotion assessment, brain correlations and gender differences. En: Ivanova T. E. (Ed.) Music: Composition, interpretation and effects. New York: Nova Science Publishers, Inc.
Díaz, J. L., y Flores, E. (2001) La estructura de la emoción humana: un modelo cromático del sistema afectivo. Salud Mental, 24: 20-35.
Flores-Gutiérrez, E., Díaz, J. L., Barrios, F. A., Guevara, M. A., del Río-Portilla, Y., y Corsi-Cabrera, M. (2009) Differential alpha coherence hemispheric patterns in men and women during pleasant and unpleasant musical emotions. International Journal of Psychophysiology, 71, 43-49.
Flores-Gutiérrez, E., y Díaz, J. L. (2009) The emotional response to music: Attribution of emotion words to musical segments. Salud Mental, 32, 21-34.
Flores-Gutiérrez, E., Díaz, J. L., Barrios, F. A., Favila-Humara, R., Guevara, M. A., del Río-Portilla, Y., y Corsi-Cabrera, M. (2007) Metabolic and electric brain patterns during pleasant and unpleasant emotions induced by music materspieces. International Journal of Psychophysiology, 65, 69-84.
Ramos, J., Guevara, M. A., Martínez, A., Arce, C., del Río-Portilla, Y., y Corsi-Cabrera, M. (1996) Evaluación de los estados afectivos provocados por la música. Revista Mexicana de Psicología, 13, 131-145.
Ramos, J., y Corsi-Cabrera, M. (1989) Does brain electrical activity react to music? International Journal of Neuroscience, 47, 351-357.
Zeki, S. (1999/2003) Inner Vision. An Exploration of Art and the Brain. Oxford University Press.

Música y percepción de las marcas publicitarias


Escuchar un spot publicitario acompañado de música jazz, swing o clásica produce una reacción emocional distinta hacia la marca anunciada y sobre la persona que lanza el mensaje. Estas son las principales conclusiones de un estudio de la Universidad del País Vasco, que analiza el efecto de los recuerdos y reacciones emocionales que provoca la música de un anuncio.
 
La inserción de melodías en el anuncio, congruentes con el mensaje y la marca pero diferentes en el estilo, generan diferentes impresiones.
“Nuestro estudio corrobora que la inserción de distintas melodías en el anuncio, adecuadas y congruentes con el mensaje y la marca, pero diferentes en estilo –cambio de tempo y tono– generan diferentes impresiones, tanto del comunicador como de la marca”, declara a SINC Patrick Hartmann, coautor del estudio que publica African Journal of Business Management e investigador de la Universidad del País Vasco.
Para llegar a esta conclusión se llevó a cabo una encuesta entre una muestra aleatoria de 540 consumidores españoles (de entre 15 y 65 años) a los que se les expuso a una serie de anuncios publicitarios radiofónicos de una marca de agua mineral ficticia, diseñados específicamente para la investigación.
Los resultados de la encuesta midieron la percepción hacia el comunicador del anuncio, la generación de reacciones emocionales y la actitud hacia la marca (‘evaluación global’ e ‘intención de comprar’) a partir de la escucha.
“Se trataba de cuatro anuncios experimentales, uno sin música y tres con acompañamiento musical, con texto idéntico y con un nombre ficticio. Los cuatro se grabaron en la Cadena Ser y a cada sujeto se le expuso a una sola de las versiones”, explica Hartmann.
La música seleccionada no contenía letra –para que el texto no interfiriera en la evocación de recuerdos– y se escogió tras varias sesiones de grupo con expertos de una agencia de publicidad. Finalmente, dos de las versiones musicales (no conocidas por el público) se crearon específicamente para los anuncios y una tercera versión (de música conocida) fue What a Wonderful World de Louis Armstrong.
“Para la variable, ‘reacción emocional generada’ en el consumidor, se obtienen puntuaciones medias significativamente más altas en las versiones del anuncio con acompañamiento musical frente al anuncio sin música, así como puntuaciones medias significativamente más altas en la versión con la famosa melodía de Louis Armstrong, frente a las otras dos versiones de canciones no conocidas”, afirma el trabajo.

El compás marca el mensaje
Para conocer el vínculo asociativo ‘melodía-marca’, una vez terminada la encuesta, se expuso a los sujetos a la escucha de los tres anuncios experimentales con música. Los resultados muestran que la primera pieza musical que se escucha se aprende y memoriza rápidamente y es la que la mayoría (73,3%) considera más adecuada para el anuncio y la marca.
“La exposición conjunta a una melodía específica y una marca crea un vínculo asociativo, muy rápidamente, entre dicha melodía y la marca en la memoria del consumidor”, añade Hartmann.
Por otro lado, el estilo musical también afecta a las impresiones sobre la persona que lanza el mensaje en el anuncio. “De acuerdo con el concepto de ‘adecuación musical’, los sujetos que escucharon la versión con música en tonalidad mayor y tempo más rápido calificaron a la comunicadora como más alegre, inquieta, nerviosa, impaciente, jovial, deportiva, entusiasta y atrevida, en comparación con la segunda versión musical”.
Por el contrario, “los individuos expuestos a una versión de tonalidad menor y tempo más lento percibieron a la comunicadora como más tranquila, relajada, paciente, delicada, comprensiva, disciplinada, madura y de mayor confianza”, señala el experto.
Esto también ocurre respecto a los atributos que trasladamos a la marca con la escucha de las dos versiones. Mientras que los sujetos expuestos a la primera versión percibieron la marca como “más enérgica, deportiva, excitante, refrescante, joven y festiva”, la segunda música produjo una impresión “más delicada, suave, relajante, madura, natural y saludable”.
“Una marca podrá verse condicionada por una melodía específica desde el primer momento en que dicha melodía se asocia con la marca. Así, la música será, en buena parte, (junto a sus recuerdos y emociones asociadas), lo que haga que una marca resulte identificable en la mente del comprador”, concluye el estudio.
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Referencia bibliográfica:
“Memory, emotions and rock 'n' roll: The influence of music in advertising, on brand and endorser perception”, Vanessa Apaolaza Ibañez, Mark Zander, Patrick Hartmann African Journal of Business Management, 4 (17): 3805-3816, diciembre 2010.


tomado de: http://www.agenciasinc.es/Noticias/Asi-influye-la-musica-de-un-anuncio-en-la-percepcion-sobre-la-marca

Música y cerebro





musica y cerebro by Maria Sara Macias Cenoz

Inteligencia Musical



LA INTELIGENCIA MUSICAL by livetteasprilla

Música y Movimiento



(cc) R o x y ☆ 
¿Depende nuestra percepción musical de la forma en que nos movemos? Estudios recientes demuestran que nuestro movimiento modula la percepción del ritmo, resaltando el carácter multisensorial de nuestra experiencia musical. Estudios con bebés y adultos destacan el importante papel del movimiento en la percepción musical.



La música forma parte de nuestras vidas desde que nacemos. La música ha jugado y juega un papel importante en nuestro desarrollo sociocultural e incluso, para algunos investigadores, la percepción de patrones sonoros rítmicos podría influir en la adquisición del lenguaje (Jusczyk, 1999). Detrás de esta habilidad para percibir y producir música existen una serie de procesos complejos que los investigadores están logrando desentrañar en los últimos años (ver Koelsch y Siebel, 2005, para una revisión).
En el campo de la cognición musical, la mayoría de los estudios tanto comportamentales como neurocientíficos se centran en el sistema auditivo (cortex auditivo) y su capacidad para percibir los tonos y ritmos que conforman los estímulos musicales. Sin embargo, no podemos olvidar un aspecto crucial en la música: el movimiento.
Vasos de RubinEs indudable que la música y el movimiento han ido de la mano desde tiempos inmemoriales. Como citan Phillips-Silver y Trainor (2007), la costumbre de escuchar música en actitud pasiva es una tradición reciente surgida en el mundo occidental. En otras culturas la música no se entiende sin el movimiento. De esta forma, tal y como queremos enfatizar en este artículo, la música es una experiencia multisensorial, ya que no sólo implica el sentido del oído, sino también el de nuestro propio movimiento (propiocepción) y el del equilibrio (sistema vestibular).
El estudio de la percepción multisensorial nos enseña que la información que llega a través de nuestros sentidos interactúa y se integra en el cerebro. Así, sabemos que la información visual puede influir en la percepción auditiva (el fenómeno del ventrílocuo), e incluso en la percepción olfativa (ver Calvert, Spence, y Stein, 2004, para una revisión). Como experiencia multisensorial, está claro que la información auditiva contenida en los estímulos musicales puede influir en nuestra propiocepción: la música nos invita a movernos. Ahora bien, ¿dependerá nuestra percepción musical de nuestra propiocepción? En otras palabras, ¿puede verse afectada nuestra percepción musical por cómo nos movemos?
Phillips-Silver y Trainor (2005, 2007) han demostrado que el modo de movernos puede determinar nuestra percepción de un patrón auditivo rítmico. Quizás el resultado más sorprendente proviene de su investigación con bebés de 7 meses (Phillips-Silver y Trainor, 2005). En una primera fase (fase de exposición), las investigadoras presentaban a los bebés un patrón rítmico ambiguo, análogo auditivo de estímulos visuales ambiguos como los famosos vasos de Rubin (Figura 1), caracterizados porque un mismo estímulo puede ser interpretado de dos modos diferentes. El ritmo consistía en seis pulsos sonoros (puedes oírlo aquí) que pueden percibirse agrupados en dos grupos de tres pulsos o en tres grupos de dos pulsos, en función de dónde se ponga el acento musical (ver Figura 2).
Figura 2
A uno de los grupos de bebés, siguiendo las instrucciones del experimentador, las madres los balanceaban cada dos pulsos, sincronizando sus movimientos a un ritmo doble. Al otro grupo de bebés las madres los balanceaban cada tres pulsos, sincronizando sus movimientos a un ritmo triple. En una fase posterior (fase de test), los bebés escuchaban una variante no ambigua del mismo ritmo que en la fase de exposición, pero esta vez acentuada cada dos pulsos (ritmo doble) o cada tres pulsos (ritmo triple).
La hipótesis principal del estudio era que los bebés mostrarían preferencia por uno u otro ritmo en función del movimiento que habrían experimentado en la primera fase. Para medir las preferencias de los bebés, se usó el siguiente procedimiento. Cada ensayo comenzaba cuando se encendía una luz, a la izquierda o la derecha del bebé, que iluminaba un juguete que servía para fijar su mirada (mientras tanto las madres y la experimentadora escuchaban música no relacionada con el estudio para evitar que sesgaran de alguna forma la elección de los bebés). En ese mismo instante comenzaba a sonar uno de los dos ritmos no ambiguos. Cuando el niño dejaba de mirar al juguete durante más de un segundo, la luz se apagaba y el ritmo dejaba de sonar. De esta forma, el mismo bebé controlaba el tiempo que estaba escuchando el ritmo. La medida de interés era el tiempo que los bebés escuchaban cada uno de los estímulos auditivos. Confirmando sus hipótesis, las investigadoras encontraron que los bebés mostraron mayor preferencia por el ritmo que coincidía con el ritmo de balanceo experimentado en la fase de exposición. El movimiento previo condicionaba la percepción del ritmo musical en los bebés.
En un estudio posterior, Phillips-Silver y Trainor (2007) replicaron estos mismos resultados con participantes adultos, potenciando sus hallazgos. Experimentos adicionales mostraron que se obtienen los mismos resultados cuando se vendan los ojos a los bebés y adultos participantes, mientras que desaparecen cuando no hay movimiento propio sino sólo observación del movimiento de otra persona. La modulación de la percepción del ritmo musical depende sólo, por tanto, del propio movimiento (activo, o pasivo en el caso de los bebés).
Los resultados de estos estudios indican que la percepción del ritmo musical está fuertemente vinculada al movimiento, percibido mediante los sistemas vestibular y propioceptivo. En definitiva, el trabajo de estas investigadoras canadienses revela el carácter multisensorial de nuestra experiencia musical. La próxima vez que nos movamos al son de la música, quizás debamos tener en cuenta que nuestra percepción va a depender de cómo nos movamos.
Referencias
Calvert, G. A., Spence, C., & Stein, B. E. (Eds.) (2004). The handbook of multisensory processes. Cambridge, MA: MIT Press.
Phillips-Silver, J., & Trainor, L. J. (2005). Feeling the beat: movement influences infant rhythm perception. Science, 308, 1430.
Phillips-Silver, J. & Trainor, L. J. (2007). Hearing what the body feels: Auditory encoding of rhythmic movement. Cognition, 105, 533-546.
Jusczyk, P. W. (1999). How infants begin to extract words from speech. Trends in Cognitive Sciences, 3, 323-328.
Koelsch, S. & Siebel, W. A. (2005). Towards a neural basis of music perception. Trends in Cognitive Sciences, 12, 578-584.

17 marzo, 2008 Daniel Sanabria
Dept. de Psicología Experimental y Fisiología del Comportamiento, Universidad de Granada, España

miércoles, 6 de febrero de 2013

Todo el cerebro está dedicado a la música

Robert Zatorre: catedrático de Neurología y Neurocirugía de la Universidad McGill

“Todo el cerebro está dedicado a la música”

  • El argentino Robert Zatorre es cofundador del laboratorio de investigación Brain, Music and Sound (BRAMS) en Canadá y uno de los mayores expertos mundiales sobre cómo el cerebro procesa la música y produce emociones. De joven quería ser organista pero se dio cuenta que sería mejor científico. La canción del verano no le llama mucho la atención.
Robert Zatorre: catedrático de Neurología y Neurocirugía de la Universidad McGill
¿Por qué hacemos música?
No tenemos la respuesta. Pero junto con el lenguaje, es una seña de identidad de todo ser humano.
¿Y es exclusiva de los seres humanos?
Totalmente. Hay algunos especialistas que hablan de música para referirse al canto de los pájaros, pero yo creo que no es lo mismo. La canción de las aves tiene como función la defensa del territorio y, que yo sepa, nadie se pone música en su casa con el objetivo de ahuyentar al vecino. Además, desde un punto de vista neurológico, el cerebro de los pájaros y el de los mamíferos no tiene nada que ver. Ni siquiera el cerebro de animales más cercanos a nosotros, como el chimpancé, tiene ninguna función musical.
¿Qué funciones tiene?
Muchas y muy valiosas. Para empezar es universal. No existe ni ha existido cultura humana que no tenga música. Pensemos en bodas, fiestas, entierros… Es impensable que exista un rito social o un momento importante en la vida sin música. Su función principal es la de cohesión social ya que a través de ella el grupo se siente unido en un acto o en un estado de ánimo, como pasa con los himnos nacionales y de fútbol. Otra función no menos importante es la del vínculo emotivo que crea entre la madre y el hijo. La música modula el estado de ánimo de un bebé ya que este responde muy temprano a ritmos y armonías.
¿Así como el lenguaje tiene áreas especializadas en el cerebro, la música también?
No me gusta hablar de zonas especializadas porque creo que todo el cerebro está dedicado a la música. Pero sí hay algunas. Por ejemplo, con técnicas de neuroimagen hemos observado neuronas en la corteza auditiva que responden a la altura tonal. Los pacientes con lesiones en esta región tienen ‘amusia’, se dan cuenta del volumen y la duración de una nota, pero no del tono. No reconocen las canciones y no saben por qué a la gente le gusta tanto la música.
“La mente predice la nota que viene y evalúa si es la esperada, entonces hay dos ‘disparos’ de dopamina, la molécula del placer: el primero, durante la tensión de un acorde, y el segundo en su resolución”
¿Alguna región ‘musical’ más?
En paralelo con la zona de Broca, relacionada con el lenguaje, existe una región frontal que es muy importante para unir los sonidos en el tiempo. Para entender una canción es necesario un circuito que establezca relaciones entre las distintas notas. El cerebro trabaja con la música igual que con el lenguaje. Los sonidos individuales no representan nada, pero sí la relación entre ellos: las notas forman acordes, que forman melodías, que forman temas…
En lenguaje tenemos estructuras comunes en todos los idiomas. ¿Pasa lo mismo en la música?
Existe la sintaxis musical. En lenguaje hablamos de probabilidades en el sentido de que uno puede predecir de antemano cuál va a ser la siguiente palabra de una serie. Por ejemplo, si yo digo “Tengo mucha sed y me gustaría una copa de…”, existen varias opciones para completar la frase, pero la palabra “perro” no está entre ellas. En música pasa lo mismo. Si yo toco cuatro acordes, el quinto no puede ser cualquiera. Depende del que yo elija, tú me dirás sin dudar: “Te has equivocado”. Esto sucede en todas las culturas, pero es específico de cada una de ellas, ya que la sintaxis es particular de cada sistema musical.
En su último estudio usted afirma que cuando escuchamos música estamos continuamente creando expectativas. Y que si estas se materializan, nos produce placer.
La investigación de mi grupo se centra en las emociones musicales. Nuestra mente está continuamente haciendo predicciones de la nota que viene y evaluando si se corresponde o no a lo esperado. Hemos descubierto que estas dos fases se relacionan con dos ‘disparos’ de dopamina, la molécula del placer, en distintas zonas del cerebro. El primero sucede durante la tensión de un acorde, y el segundo en su resolución, que es cuando llega el placer.
¿Además de provocar placer, la música tiene alguna aplicación como terapia?
Sí y además hay mucho interés en este tema. Por ejemplo en pacientes con afasia, que tienen problemas para hablar a causa de una lesión cerebral. Se ha demostrado que cantando les salen las palabras que no les salen hablando. También se aplica a enfermos de Parkinson, a quienes les cuesta mucho empezar y continuar una acción, como por ejemplo caminar. Una estrategia muy fácil para ayudarlos es ponerles música con mucho ritmo y esto les facilita enormemente el movimiento.
“El cerebro trabaja con la música igual que con el lenguaje y existe una sintaxis musical particular para cada cultura”
¿Y a qué es debida esta mejora?
El sistema motor y el auditivo tienen una conexión muy particular, por eso el baile va de la mano de la música en todas las culturas. También los soldados marchan con más facilidad siguiendo un ritmo. Esta conexión no existe entre el sistema motor y la visión. Si miras el péndulo de un reloj no te pones a moverte de lado a lado sin querer, pero cuando escuchas música tu cuerpo reacciona de manera inevitable.
¿La conexión entre el sistema motor y el auditivo es la responsable de que podamos tocar instrumentos?
Los dos sistemas han de estar finamente sintonizados para poder hacerlo. Lo maravilloso es que para llegar a este nivel se producen cambios tanto en la función como en la anatomía del cerebro: se crean nuevas conexiones neuronales. Esta habilidad del sistema nervioso de cambiar su estructura según las necesidades la llamamos plasticidad cerebral. Ya lo predijo Ramón y Cajal en 1908 sin ninguna prueba, pero ahora lo podemos medir y observar sin cortarle la cabeza a nadie. Sabemos que un músico tiene ciertas regiones del cerebro más desarrolladas de lo normal.
¿Es cierto que los ciegos oyen mejor?
Algunos sí que tienen las funciones musicales y de percepción del sonido en el espacio más desarrolladas. Es un ejemplo increíble de plasticidad porque en estos individuos hay una reorganización cerebral masiva y la región dedicada a la vista se dedica a procesar el sonido. Esta región visual que no recibe ningún estímulo, en vez de atrofiarse o morir, se reaprovecha para nuevas funciones.
¿Esto puede tener repercusión terapéutica?
Ahora estamos estudiando cómo, dónde y por qué ocurre esto. Si podemos comprenderlo en los ciegos, tal vez lo podamos aplicar a pacientes con otros trastornos neurológicos. Quizás en 10 ó 20 años podamos reentrenar regiones averiadas y hacer que retomen su función.
Por Marta Palomo
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martes, 5 de febrero de 2013

Jorge Salán en los Conciertos de Radio 3

Jorge Salán, estrella de la Fundación, se estrena en los Conciertos de RADIO 3 de RNE. Os invitamos a disfrutar de su despliegue guitarrero.