La Musicoterapia ayuda a cubrir las carencias existentes en los diferentes tipos de personas que presentan necesidades especiales y circunstancias de carácter diverso, por lo que precisan la adquisición de logros educativos y/o terapéuticos para conseguir mayor autonomía.
menu herramientas
menu 2
Mostrando entradas con la etiqueta ciencia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ciencia. Mostrar todas las entradas
lunes, 22 de abril de 2013
lunes, 4 de marzo de 2013
Música y médicos
Partiendo de dos enormes bases datos nacionalmente representativas, para EE.UU y Gran Bretaña, Satoshi Kanazawa (The
intelligence paradox. Why the intelligence choice isn’t always the
smartest one. John Wiley & Sons. Inc. 2012) muestra que los
individuos más inteligentes prefieren la música instrumental (incluyendo
clásica) mucho más que los individuos menos inteligentes. La asociación
entre inteligencia general y preferencia por la música clásica es muy
fuerte: cuánto más te gusta la música clásica, más inteligente eres. De
acuerdo con Kanazawa, la probabilidad de que este patrón se forme por
azar es de menos de 1 entre 100 cuatrillones. Preferencias como el rap o
el gospel están negativamente asociadas con la inteligencia, pero la
ópera no está asociada positivamente, lo cual sustentaría la idea de que
es la instrumentalidad, no la complejidad, lo que explica el nexo entre
inteligencia y preferencia musical. (Eduardo Zugasti)
Y si pongo esta larga parrafada extraída del blog “La revolución naturalista”
es para hacer notar que cuando hablamos de música nos estamos
refiriendo a dos grandes bloques de fenómenos: por un lado estamos
hablando de lo que entendemos como música formal, o clásica para
entendernos. La característica principal de este tipo de música es que
es instrumental preferentemente, compleja y no sólo complicada y que
usualmente precisa de grandes conocimientos y dominio de un instrumento
musical para poderse ejecutar y de una cierta preparación de oyente para
poderse seguir debido a la superposición frecuente de lineas melódicas e
instrumentales. Es también frecuente que se precisen amplios
despliegues orquestales con muchos participantes y que se expresen en un
formato de larga duración.
Hay también lo que se conoce como música popular, pop, incluyo aquí
el jazz, el blues y todos los desarrollos postmodernos que han habido
desde los 70 hasta hoy. Su característica principal es que tiene letra
superpuesta (un musilenguaje), es decir la música se acompaña de
palabras, usualmente pequeños poemas de distinto gusto pero que
contienen información sobre lo que el compositor quiere decir ,
usualmente mensajes banales de amor. Este tipo de música gusta a casi
todo el mundo porque es mas fácil de entender, sus lineas melódicas son
simples y las repeticiones y los estribillos se encargan de “contagiar”
el oido de quienes la escuchan y propicia que se recuerden con
facilidad. Por último no precisa de grandes conocimientos técnicos para
su ejecución, incluso puede llevarse a cabo por personas que no saben
una palabra “acerca de la música”, de su gramática, lo que llamamos
“solfeo” o escritura musical.
Lo que en principio sugiere que existen dos formas de aprender y de
hacer música, una es la de aprender la técnica de un instrumento
concreto en el contexto de un aprendizaje musical “acerca” de la música,
un aprendizaje recursivo, la segunda forma es la de aprender tocando y usualmente imitando lo que hace un maestro, un aprendizaje repetitivo o mimético. Sobre estas dos formas de hacer música volveré mas tarde.
La diferencia fundamental entre la música formal y las canciones pop es pues una: el llevar o no llevar letra, lo que significa llevar o no llevar información (acerca de sí misma).
Tanto es así que cuando oímos un tema clásico de música formal, -con
independencia de si nos gusta o no nos gusta- no seriamos capaces de
responder a esta pregunta ¿Qué nos quiere transmitir el compositor? ¿Qué
quiso decirnos?
Esta pregunta es fácil de responder sólo atendiendo a la letra,si
la hubiere, observen ustedes el mensaje que quiere transmitirnos John
Lennon en esta canción, seguro que ustedes lo pillan.
Una pregunta imposible de responder con respecto a la música
clásica o formal, se trata en este caso de la Gran Abstracta, es decir
no lleva información sobre (acerca de) sí misma, y a pesar de ello
captura en el oyente entrenado un torrente de “información”. Sucede
porque la música es Forma y del mismo modo que sucede
con los mitos, se trata de formas que admiten cualquier contenido que en
cualquier caso pone el oyente de su parte.
O dicho de otro modo: la música no explica nada a pesar de ser profundamente explicativa.
Y esta es la paradoja que hace que el oyente de música clásica sea
más inteligente que el oyente de rap y que según Kazanawa explica en su
libro hace que las personas inteligentes prefieran la música orquestal
sobre la cantada. A mayor nivel de abstracción más inteligencia.
Tiene su lógica evolutiva pues la música se disoció de la letra relativamente hace poco tiempo (en tiempo histórico).
Probablemente la música nació a través de la señalización del ritmo
al que se le añadieron palabras o interjecciones concretas. Es bien
conocido además el fenómeno de los drumming (tamborileo)
que son señalizaciones del rango en ciertos simios o del canto
(trinos) de los pájaros que se usan para el cortejo y cuyas melodías
van modificándose de temporada en temporada señalando a las hembras las
novedades que son en realidad novedades genéticas. Al parecer las
pájaras odian la endogamia que se oculta en la repetición del mismo
repertorio.
La música evolucionó pues a partir de ciertas necesidades de
señalización pero en un momento u otro de su evolución histórica se
separaron dos grandes ramas; la música popular y la música sacra.
Cada una de estas categorías siguió su propio itinerario y lo que
entendemos como música clásica se desgajó probablemente antes del
barroco siguiendo una evolución hacia una abstracción más y más
compleja, mientras las clases populares siguieron construyendo tonadas
que hablaban de sus vidas, sus calamidades y sus nostalgias a veces
desde un punto de vista lírico muy elaborado.
Y aunque es cierto que la música popular puede alcanzar una enorme
complejidad así como también calidad, vamos a seguir tomando la dicótoma clásica/popular para acercarnos a un fenómeno que quiero
alumbrar en este post: ¿Existen dos talentos diferenciados en la tarea
de hacer música? ¿En qué consisten estos talentos y en qué se
diferencian?
Los que leyeron el post anterior
recordarán este gráfico (Badcock y Crespi) donde se relacionaban
ciertas disciplinas o profesiones con los talentos sistematizadores o
mentalistas. El lector puede revisar el gráfico para constatar que la
música ocupa un lugar central con dos flechas que señalan en distintas
direcciones. Significa que la música es una disciplina que parece operar como puente entre talentos. Los sistematizadores pueden ser buenos músicos y los hipermentalistas también pueden serlo.
Me gustaría en este momento detenerme para que el lector oiga esta Aria de las Variaciones Goldberg ejecutadas por Glenn Gould.
Es necesario recordar que Glenn Gould padecía un síndrome de Asperger
es decir se trataría de un talento sistematizador, mas cercano a la física que a la poesía.
Es interesante señalar que la perfección a la que Gould llegó con
una obra de Bach (las variaciones Goldberg) requiere de un talento
especial para la obsesivización (la rutina, la repetición y la busqueda
de la excelencia). De hecho Gould dejó de aparecer en público cuando se
cansó de repetir siempre la misma obra con la que al parecer se hallaba
obsesionado. Otra cuestión interesante son las apoyaturas (chasquidos o drumming) , una especie de tarareo del propio Gould que parece necesitar para concentrarse mejor en la ejecución de su obra.
Si el lector compara el talento de Gould con el talento de Bach, entenderá
mejor las diferencias que hay entre sistematizadores y mentalistas a
menos en lo que se refiere a la música. Uno un ejecutor tan perfecto
como una maquina, el otro un creador.
Es obvio que los músicos son grandes candidatos a patologías
psiquiátricas, pero lo interesante es que estas patologías proceden de
los dos polos del continuo: así hay músicos autistas que desarrollan un
enorme talento musical de la nada (sin aprendizajes previos) y
paradójicamente en otros síndromes del polo opuesto como en el sindrome de Williams
que parece estar dotados de forma sobrenatural para memorizar melodías y
tocar instrumentos a la vez que presentan una sociabilidad opuesta al
autismo, también hay casos de Asperger -como el propio Gould- pero sobre
todo existen casos en el otro extremo del continuo: adictos,
esquizotípicos, esquizofrénicos, melancólicos y bipolares tal y como
conté en este post sobre “Genio y locura”.
Así, está establecido que existe algún tipo de relación entre la
creatividad y la locura, lo que nos llevaría a la suposición de que en
relación con los talentos anteriormente citados, habría una característica de rigor relacionada con el pensamiento sistematizador,
de habilidad técnica para entender como funciona algo y otra cualidad
diametralmente opuesta que estaría relacionada con la expresión de una
subjetividad, con la construcción de una narrativa abstracta y con la
innovación en el sentido más rupturista de la palabra vinculada al
mentalismo.
Dicho de otro modo: la música parece participar por igual de los
dos tipos de talentos: el sistematizador y el mentalista, es posible
especular que se trataría de un puente de unión, una especie de cemento
entre dos módulos cerebrales que emergieron por separado y de forma
autónoma, algo que sin duda el propio lenguaje representa: el pegamento
de la conciencia.
Pues fue el lenguaje el que aportó información a la forma pura que
es la música y que es preverbal. Musica+lenguaje= información y cuando
digo lenguaje no me estoy refiriendo a la letra que puede acompañar a
una melodía sino a la evolución autónoma que el propio lenguaje llevó a
cabo ganándole la partida al mundo de los sonidos, eso hizo que nuestra
especie prevaleciera sobre otras. Aqui podemos leer las diferencias entre neandhertales y sapiens y el por qué nuestra especie les ganó la partida evolutiva.
¿Sucede algo así también con la medicina?
-¿Donde esconderías un billete de 500 euros para que no le encuentre un traumatólogo?
- En un libro de medicina.
(Chiste de médicos que suelen contar los médicos)
¿La medicina es un arte o una ciencia?
Esta es una pregunta que suele hacerse a los médicos, unos son partidarios de la primera y otros de la segunda. Lo cierto es que esta concepción no es baladí porque si usted contesta que prefiere a la medicina como ciencia es muy posible que las relaciones con sus pacientes dejen mucho que desear. Es muy probable que usted sea cirujano o traumatólogo o que sus pacientes piensen que es usted poco empático, hablador o le vean como una persona malhumorada o tosca. Es verdad, existe una cierta correlación entre la deshumanización del trato que le presta su médico y el concepto que tenga de su profesión.
Pero lo cierto es que la medicina no es ni una ciencia, ni un arte, es una tecnología, en cualquier caso una ciencia aplicada. Una tecnología que no es en sí misma una ciencia, sino que se alimenta de otras ciencias básicas que posteriormente han de sufrir una traslación hasta los usos concretos y específicos de la medicina. Pero no sólo de la ciencias “duras” vive la medicina sino también de los progresos de ciertas tecnologías que propician diagnósticos más fiables e intervenciones menos cruentas. Y además de todo ello, la medicina es una forma de entender las relaciones entre humanos, más concretamente en eso que llamamos “relación de ayuda”, algo que tiene más que ver con la antropología que con la bioquímica, una ciencia “blanda” sin cuyo concurso seria imposible de entender cualquier interacción humana.
Los pacientes, -los usuarios como se les llama ahora-, quieren sobre todo un médico empático, un médico humano que les escuche y les atienda con amabilidad pero no saben que los talentos que animan a cualquier profesional de la medicina tienen mucho que ver con lo que entendemos como talentos sistematizadores y talentos empáticos.
¿Si usted tiene una enfermedad grave qué preferirá, un médico complaciente y humano o un médico tosco y distante que pueda salvarle la vida?
La mayor parte de la gente dirá que las dos cosas, ¿por qué no pueden tenerse las dos cosas, las dos habilidades?
Pues porque los médicos que tienen las dos habilidades son una minoría, se trata de ese tipo de médicos que no abundan y que conjugan el rigor de la ciencia (la evidencia científica) con las habilidades para la interacción social. ¿No es pedirle demasiado a un médico?
Tal y como contábamos antes, ser físico y poeta al mismo tiempo es -sin ser imposible- poco frecuente. Del mismo modo el rigor de la ciencia, la aplicación de las cosas contrastadas, seguras y que están respaldadas por la evidencia robotizan a los médicos y les impulsan hacia una forma de hacer que los pacientes identifican como fría.
Un fenómeno que procede de la superespecialización, es posible predecir que a mayor especialización del médico peor será su trato humano. Dicho de otra forma: es posible afirmar que el rigor y la empatía se oponen una a la otra. Y como es sabido en el mundo de hoy la mayor parte de los actos médicos se producen en entornos fríos, impersonales y tan protocolizados, que es posible que usted no conozca ni la voz de su medico.
Y debe ser por eso que las medicinas alternativas tienen tanto éxito a pesar de las campañas constantes que tratan de desprestigiarlas. Pues las personas prefieren una mentira con sentido que una verdad lejana e impersonal. Las personas inteligentes que conozco acuden a este tipo de medicinas cuando sus males no revisten gravedad y prefieren obtener placebos empaquetados en una atención personal antes que pasarse el día pululando por las salas de espera de radiólogos. Pero si necesitan operarse de menisco es muy poco probable que recurran a la acupuntura.Tenemos afortunadamente un “cliente” bastante bien informado.
Lo cierto es que aun existiendo estos dos tipos de perfiles médicos (el autista y el hiperempático), cada vez más va emergiendo un tercer perfil: el del médico que combina el rigor con la empatía. Estos son los verdaderos catalizadores del cambio, la reserva genética que provocará la fusión de ambos talentos.
Tal y como podemos leer en este post, las personas ateas suelen ser menos empáticas que las creyentes. Los autores del citado trabajo identifican la creencia en Dios como paradigma de la empatía. Personalmente no estoy de acuerdo con tal cosa, si bien es cierto que creer en Dios es una de esas creencias irracionales que poco a poco va siendo desplazada por otras creencias más al gusto del hombre postmoderno, liquido y opulento.
Para mi la variable critica no es creer o no creer en Dios sino la posibilidad de creer en algo en ausencia de pruebas, es decir que el valor que adjudicamos a nuestra mentalización, entendiendo como mentalización a la capacidad de encontrar vínculos entre las cosas, encontrar sentido entre esos enlaces y construir narrativas que enlace el todo con las partes, lo visible con lo invisible, lo sabido con lo desconocido, la máquina con el pneuma, etc.
En conclusión: el lenguaje, la música y la medicina son entre otros mediadores, llamados en otro lugar psicopompos, cementos de unión entre los talentos autisticos y los talentos hipermentalistas lo que sugiere que la evolución se dirige rauda hacia una fusión de ambos talentos a partir de la reconstrucción simbólica.
Tal y como dice Eugenio Trias, el limite ha dejado de ser un muro y ya es puerta. Para saber más sobre los mediadores simbólicos os recomiendo este post.
-¿Donde esconderías un billete de 500 euros para que no le encuentre un traumatólogo?
- En un libro de medicina.
(Chiste de médicos que suelen contar los médicos)
¿La medicina es un arte o una ciencia?
Esta es una pregunta que suele hacerse a los médicos, unos son partidarios de la primera y otros de la segunda. Lo cierto es que esta concepción no es baladí porque si usted contesta que prefiere a la medicina como ciencia es muy posible que las relaciones con sus pacientes dejen mucho que desear. Es muy probable que usted sea cirujano o traumatólogo o que sus pacientes piensen que es usted poco empático, hablador o le vean como una persona malhumorada o tosca. Es verdad, existe una cierta correlación entre la deshumanización del trato que le presta su médico y el concepto que tenga de su profesión.
Pero lo cierto es que la medicina no es ni una ciencia, ni un arte, es una tecnología, en cualquier caso una ciencia aplicada. Una tecnología que no es en sí misma una ciencia, sino que se alimenta de otras ciencias básicas que posteriormente han de sufrir una traslación hasta los usos concretos y específicos de la medicina. Pero no sólo de la ciencias “duras” vive la medicina sino también de los progresos de ciertas tecnologías que propician diagnósticos más fiables e intervenciones menos cruentas. Y además de todo ello, la medicina es una forma de entender las relaciones entre humanos, más concretamente en eso que llamamos “relación de ayuda”, algo que tiene más que ver con la antropología que con la bioquímica, una ciencia “blanda” sin cuyo concurso seria imposible de entender cualquier interacción humana.
Los pacientes, -los usuarios como se les llama ahora-, quieren sobre todo un médico empático, un médico humano que les escuche y les atienda con amabilidad pero no saben que los talentos que animan a cualquier profesional de la medicina tienen mucho que ver con lo que entendemos como talentos sistematizadores y talentos empáticos.
¿Si usted tiene una enfermedad grave qué preferirá, un médico complaciente y humano o un médico tosco y distante que pueda salvarle la vida?
La mayor parte de la gente dirá que las dos cosas, ¿por qué no pueden tenerse las dos cosas, las dos habilidades?
Pues porque los médicos que tienen las dos habilidades son una minoría, se trata de ese tipo de médicos que no abundan y que conjugan el rigor de la ciencia (la evidencia científica) con las habilidades para la interacción social. ¿No es pedirle demasiado a un médico?
Tal y como contábamos antes, ser físico y poeta al mismo tiempo es -sin ser imposible- poco frecuente. Del mismo modo el rigor de la ciencia, la aplicación de las cosas contrastadas, seguras y que están respaldadas por la evidencia robotizan a los médicos y les impulsan hacia una forma de hacer que los pacientes identifican como fría.
Un fenómeno que procede de la superespecialización, es posible predecir que a mayor especialización del médico peor será su trato humano. Dicho de otra forma: es posible afirmar que el rigor y la empatía se oponen una a la otra. Y como es sabido en el mundo de hoy la mayor parte de los actos médicos se producen en entornos fríos, impersonales y tan protocolizados, que es posible que usted no conozca ni la voz de su medico.
Y debe ser por eso que las medicinas alternativas tienen tanto éxito a pesar de las campañas constantes que tratan de desprestigiarlas. Pues las personas prefieren una mentira con sentido que una verdad lejana e impersonal. Las personas inteligentes que conozco acuden a este tipo de medicinas cuando sus males no revisten gravedad y prefieren obtener placebos empaquetados en una atención personal antes que pasarse el día pululando por las salas de espera de radiólogos. Pero si necesitan operarse de menisco es muy poco probable que recurran a la acupuntura.Tenemos afortunadamente un “cliente” bastante bien informado.
Lo cierto es que aun existiendo estos dos tipos de perfiles médicos (el autista y el hiperempático), cada vez más va emergiendo un tercer perfil: el del médico que combina el rigor con la empatía. Estos son los verdaderos catalizadores del cambio, la reserva genética que provocará la fusión de ambos talentos.
Tal y como podemos leer en este post, las personas ateas suelen ser menos empáticas que las creyentes. Los autores del citado trabajo identifican la creencia en Dios como paradigma de la empatía. Personalmente no estoy de acuerdo con tal cosa, si bien es cierto que creer en Dios es una de esas creencias irracionales que poco a poco va siendo desplazada por otras creencias más al gusto del hombre postmoderno, liquido y opulento.
Para mi la variable critica no es creer o no creer en Dios sino la posibilidad de creer en algo en ausencia de pruebas, es decir que el valor que adjudicamos a nuestra mentalización, entendiendo como mentalización a la capacidad de encontrar vínculos entre las cosas, encontrar sentido entre esos enlaces y construir narrativas que enlace el todo con las partes, lo visible con lo invisible, lo sabido con lo desconocido, la máquina con el pneuma, etc.
En conclusión: el lenguaje, la música y la medicina son entre otros mediadores, llamados en otro lugar psicopompos, cementos de unión entre los talentos autisticos y los talentos hipermentalistas lo que sugiere que la evolución se dirige rauda hacia una fusión de ambos talentos a partir de la reconstrucción simbólica.
Tal y como dice Eugenio Trias, el limite ha dejado de ser un muro y ya es puerta. Para saber más sobre los mediadores simbólicos os recomiendo este post.
miércoles, 27 de febrero de 2013
Arteterapia y cerebro
Cómo beneficia arte al Cerebro:
Muchas personas se preguntan sobre el objetivo del arte. Reconocen un acercamiento estético, pero no saben definir ninguno de sus beneficios de naturaleza práctica. Al contrario de la creencia popular, el arte no es algo meramente estético.
El arte no contribuye menos en la preparación de individuos para 'el verdadero' mundo de lo que puede hacerlo la ciencia. El arte es básico para llevar al cerebro a alcanzar su potencial pleno.
¿Cómo lo logra?
De entrada, introduce al cerebro en habilidades cognoscitivas diversas que nos ayudan a desenmarañar problemas intrincados. Activa la parte creativa de nuestro cerebro - la parte que trabaja sin palabras y sólo puede expresarse no verbalmente. El arte, tanto en el pensamiento como en por los procesos creativos, activa el lado imaginativo y el creativo, el lado espacial e intuitivo de nuestro cerebro. Provoca saltos sobre el proceso de pensamiento lineal y lógico, de manera que nos entrena para cambiar el modo en que enfrentamos el pensamiento, el cómo cuestionamos viejos problemas de modos nuevos. Este es lo que hace del arte un elemento tan importante.
Esta manera de hacer pensamiento beneficia el cerebro entrenándolo para pensar fuera de lo previsible, de lo ya aprendido. Ayuda a los niños a entender conceptos con la mayor facilidad, contribuye a incrementar sus grados de mejoramiento, no sólo exclusivo del ámbito de las bellas artes, sino también producto de ingenieros, técnicos y diseñadores informáticos. El arte, con todos sus diferentes expresiones, ayuda a la gente a hacer del mundo un mejor lugar.
Hay estudios muy serios sobre la relación entre el arte y sus beneficios al cerebro. Entre ellos, el que publicó Semir Zeki (profesor de neurobiología en el Colegio de Universidad de Londres y codirector del Departamento Wellcome de la Neurología Cognoscitiva) llamado 'Creatividad Artística y el Cerebro' (Revista de Ciencia, en el julio de 2001). Zeki detalló la relación entre el desarrollo de capacidades cognoscitivas y el proceso creativo y declaró que la expresión artística es la llave a entendernos a nosotros mismos. También consideró el arte y su expresión como una extensión de la función cerebral. En otras palabras, el arte ayuda al cerebro en su búsqueda por el conocimiento.
Los profesores aplican esto en el aula ayudando a los niños a mejorar sus capacidades cognoscitivas y aumentan su capacidad de solucionar problemas difíciles. Los terapeutas profesionales también han recurrido al arte como instrumento para reconducir el cerebral hacia la salud. De hecho, varios psiquiatras y psicólogos recomiendan esta forma del tratamiento, pues mantiene elevado el equilibrio cerebral mediante el entrenamiento continuado.
El arteterapia es ahora una manera común de ayudar a las personas a mejorar y elevar su bienestar físico, mental y emocional, debido a que el proceso creativo implicado en la autoexpresión artística ofrece a la gente un modo de observación y acción múltiple. Esto facilita el descubrimiento de una solución con varios conflictos y problemas. De igual modo, el arte también ayuda a manejar el comportamiento, a desarrollar habilidades interpersonales, la autoestima y la conciencia de sí mismo, disminuyendo la tensión y alcanzando mejores niveles de perspicacia.
¿Cuáles son los beneficios de arte sobre el cerebro? Cuando los individuos crean y reflexionan sobre ello, aumenta la conciencia de sí mismo, inician la conciencia hacia los otros y ayudan a la gente a enfrentarse a las experiencias traumáticas. El arte potencia las capacidades cognoscitivas y aporta a los individuos la capacidad de disfrutar de los placeres de hacer el arte.
El arteterapia es ahora una manera común de ayudar a las personas a mejorar y elevar su bienestar físico, mental y emocional, debido a que el proceso creativo implicado en la autoexpresión artística ofrece a la gente un modo de observación y acción múltiple. Esto facilita el descubrimiento de una solución con varios conflictos y problemas. De igual modo, el arte también ayuda a manejar el comportamiento, a desarrollar habilidades interpersonales, la autoestima y la conciencia de sí mismo, disminuyendo la tensión y alcanzando mejores niveles de perspicacia.
¿Cuáles son los beneficios de arte sobre el cerebro? Cuando los individuos crean y reflexionan sobre ello, aumenta la conciencia de sí mismo, inician la conciencia hacia los otros y ayudan a la gente a enfrentarse a las experiencias traumáticas. El arte potencia las capacidades cognoscitivas y aporta a los individuos la capacidad de disfrutar de los placeres de hacer el arte.
Tomado:
Las caricias llegan más allá de la piel
La importancia de las caricias trasciende la superficie de la piel y llega a transformar la estructura neuronal.
Hay estudios que demuestran que en recién nacidos, éstas estimulan la hormona del crecimiento en la hipófisis, además de ayudar a completar las estructuras biológicas.
Ayer comenzábamos el proyecto musicoterapéutico con niñas en acogida. Su demanda de caricias y afecto representa en su caso un alimento de primera necesidad, por eso además de buen trato, les estamos confeccionando un mullido colchón sonoro sobre el que reposar.
Un equipo de científicos estadounidenses (Sophia Vrontou, Allan M. Wong, Kristofer K. Rau, H. Richard Koerber y David J. Anderson) ha hallado en ratones las neuronas que detectan las caricias y esto es lo que nos cuentan:
-
El trabajo muestra que estas células promueven un estado de bienestar cuando se activan, en respuesta a las caricias ‘placenteras’, pero serán necesarios más estudios para confirmar si existen neuronas con propiedades similares también en humanos.A pesar de los numerosos estudios fisiológicos existentes al respecto, esta es la primera vez que se identifican in vivo neuronas sensoriales que detectan caricias ‘placenteras’. El grupo utilizó un pincel diseñado para simular el tipo de caricias que estos animales pueden sentir, con el cual rozaban sus patas traseras. Después, los investigadores utilizaron técnicas de imagen para mostrar que un tipo de neuronas, que expresan la proteína MRGPRB4, eran las que respondían al estímulo.Estas células nerviosas carecen de fibras de mielina e inervan exclusivamente la piel con pelo a través de grandes ramificaciones que, según el estudio, se asemejan a los campos receptivos de las fibras C humanas.El trabajo revela que estas neuronas se activan acariciando la piel peluda del animal, pero no ante una estimulación dañina, como puede ser una punzada o un pellizco. Es más, al aplicar esos estímulos nocivos se activan otras neuronas –las que expresan la proteína MRGPRD– que no responden ante las caricias.Los resultados parecen abrir una puerta para comprender la función de este tipo de neuronas durante los comportamientos naturales.
jueves, 14 de febrero de 2013
Ruidos táctiles
NOISY JELLY from Raphaël Pluvinage on Vimeo.
Note : This project is a fully working prototype made with Arduino and Max/Msp, there are absolut no sound editing in the video...
More picture at this flickr set (http://www.flickr.com/photos/raphaelplu/sets/72157629621382055/)
And download the Project pdf here (http://pluvinage.eu/NOISYJELLY_presskit.pdf)
Noisy jelly is a game where the player has to cook and shape his own musical material, based on coloured jelly.
With this noisy chemistry lab, the gamer will create his own jelly with water and a few grams of agar agar powder. After added different color, the mix is then pour in the molds. 10 min later, the jelly shape can then be placed on the game board,and by touching the shape, the gamer will activate different sounds.
Technically, the game board is a capacitive sensor, and the variations of the shape and their salt concentration, the distance and the strength of the finger contact are detected and transform into an audio signal.
This object aims to demonstrate that electronic can have a new aesthetic, and be envisaged as a malleable material, which has to be manipulated and experimented.
Author: Raphaël pluvinage (http://pluvinage.eu and twitter (https://twitter.com/#!/rpluvina)
& Marianne Cauvard (http://mariannecauvard.fr)
at L'Ensci Les ateliers (http://ensci.com)
Project done in the semester course of François Azambourg and Clémentine Chambon
Thanks to Roland Cahen for his help (especially sorting out with Max/Msp)
Photo credit: Véronique HUYGHE
Music credit : "Whip it" of Devo
Canciones para mejorar el ánimo
El neurocientífico británico, Jack Lewis, ha creado una lista de reproducción de canciones que pueden mejorar el ánimo.
Lewis comenzó a estudiar cómo la música afectaba el cerebro de manera positiva, por solicitud del sitio de streaming de música Rara, web similar a Grooveshark y Deezer.
Para el especialista existen elementos claves de una canción, como poseer un tempo rápido y una melodía predecible, o canciones a capella pueden provocar mejoras en el estado de ánimo de algunas personas.
Para llegar a estas conclusiones, Lewis estudió la música que
estimulaba el sistema límbico y el sistema de recompensas del cerebro,
áreas responsables de generar emociones y la sensación de placer.
Es muy importante que los cantantes, sostiene el experto, se conecten con sus oyentes en un nivel emocional, y las canciones a capella
son las que mejor funcionan para esto. “La música está tan integrada en
los humanos que no se necesitan instrumento para que tenga efecto en
nosotros. Cuando escuchamos emoción en la voz humana nuestros cerebros
están programados para sentirlo. Esto es fundamental con la empatía”,
señaló.
La música que provoca felicidad puede desactivar áreas del cerebro
que están programadas para tener una respuesta de miedo, lo que
permitiría disminuir nuestra ansiedad. “Cuando esto pasa, las áreas pre
motoras del cerebro, las cuales controlas los músculos vocales,
automáticamente pasan a estar más activos, y es por eso que puedes
comenzar a cantar o a tararear la canción sin darte cuenta”.
A continuación te dejamos la lista propuesta por Lewis:
Prince – Sexy Dancer.BB King – Let The Good Times Roll.
Beachboys – Surfing USA.
Bob Marley – Three Little Birds.
Muddy Waters – Got My Mojo Workin’.
Boney M – Sunny.
The Darkness – I Believe In a Thing called Love.
Scissor Sisters – Take Your Mama.
Outkast – Hey Ya.
Harder Better Faster – Daft Punk.
M People – Moving on Up.
1812 – Tchaikovsky.
Tomado de: http://lamula.pe/2013/01/24/conoce-la-lista-de-canciones-que-pueden-mejorar-tu-animo-segun/danielavila
Interioridades craneales de un cantante
SIVU, el músico británico nos muestra cómo somos por dentro
cuando cantamos gracias a FMRI
tomado de:
http://www.popsci.com/technology/article/2013-01/look-musicians-brainEl Cerebro Musical de STING
Un documental del neurocientifíco Daniel Levitin de la Universidad Mc Gill de Montreal.
Este documental lleva al espectador a un viaje que nos muestra cómo
procesa la música nuestro cerebro y cómo nuestra cultura da forma a
nuestras preferencias musicales, ayudándonos a comprender nuestros
motivos, miedos, deseos y recuerdos.En cada una de las fases y los periodos de nuestra vida, nuestra naturaleza y la educación que recibimos conforman la obsesión exclusivamente humana de la música. Sting tiene un papel protagonista en MI CEREBRO MUSICAL como músico, artista y conejillo de indias.
Etiquetas:
ciencia,
música,
musiccoterapia,
músicos,
neurología
Robert Gupta: La música es medicina, la música es cordura
Robert Gupta, violinista de la Orquesta Filarmónica de Los Angeles, habla sobre una lección que una vez dio a un brillante músico esquizofrénico -- y lo que él aprendió. Llamado luego a regresar al escenario, Gupta toca su propia transcripción del preludio de Bach para Cello de la Suite No. 1.
Transcripción:
Un día el columnista de Los Angeles Times
Steve Lopez estaba caminando por
las calles del centro de Los Angeles
cuando escuchó una bella música.
Provenía de un hombre,
un hombre afroamericano,
encantador, de rostro duro, sin hogar,
tocando un violín que sólo tenía dos cuerdas.
Les estoy contando una historia que muchos de ustedes conocen,
porque la columna de Steve fue la base
para un libro que después se convirtió en una película,
con Robert Downey Jr actuando como Steve Lopez
y Jamie Fox como Nathaniel Anthony Ayers,
el contrabajista entrenado en Julliard
cuya prometedora carrera fue interrumpida
por una aflicción trágica de esquizofrenia paranoica.
Nathaniel abandonó Julliard, sufrió una crisis total
y 30 años más tarde estaba viviendo
en las calles de Skid Row en el centro de Los Angeles.
Les animo a que lean el libro de Steve o vean la película
para entender no sólo el bello vínculo
que se creó entre estos dos hombres
sino cómo la música ayudó a moldear ese vínculo,
y finalmente jugó un papel decisivo
para ayudar a Nathaniel a salir de las calles.
Conocí al Señor Ayers en el 2008,
hace dos años, en el Walt Disney Concert Hall.
El acababa de escuchar una interpretación de la primera y cuarta sinfonía de Beethoven
y vino detrás del escenario a presentarse.
Hablaba de una forma muy jovial y sociable
acerca de Yo-Yo Ma y de Hillary Clinton
y de cómo los Dodgers nunca llegarían a la Serie Mundial,
todo debido a la traicionera ejecución del pasaje del primer violín
en el último movimiento de la cuarta sinfonía de Beethoven.
Y hablamos sobre música. Y unos días después recibí un correo electrónico de Steve
diciendo que Nathaniel estaba interesado en una lección de violín conmigo.
Ahora, debo mencionar que Nathaniel se niega al tratamiento,
porque cuando fue tratado emplearon terapia de choque,
Toracina y esposas,
y esa cicatriz ha permanecido en él toda su vida.
Pero como resultado ahora es propenso a
estos episodios esquizofrénicos.
Los peores episodios se pueden manifestar con él
explotando
y luego desapareciendo por días,
errando por las calles de Skid Row,
expuesto a sus horrores, con el tormento de su propia mente
sin control.
Y Nathaniel estaba en tal estado de agitación
cuando iniciamos nuestra primera lección en el Walt Disney Concert Hall
que tenía un tipo de destello maniaco en sus ojos,
estaba perdido.
Y hablaba de
demonios invisibles y humo,
y de cómo alguien lo estaba envenenando mientras dormía.
Y yo sentí miedo,
no por mí, sino miedo
de que iba a perderlo,
de que iba a hundirse en uno de sus estados
y de que yo arruinaría su relación con el violín
si comenzaba a hablarle de escalas
y arpegios y otras formas excitantes de
pedagogía didáctica de violín.
(Risas)
Por ello sólo empecé a tocar.
Y toqué el primer movimiento del concierto para violín de Beethoven.
Y mientras tocaba
entendí que un profundo cambio estaba
ocurriendo en los ojos de Nathaniel.
Fue como si estuviese bajo el control de algun fármaco invisible,
una reacción química, para la cual el que yo tocara música
era su catalizador.
Y la cólera maniaca de Nathaniel
se transformó en entendimiento,
en una curiosidad quieta y en gracia.
Y como por milagro, levantó su propio violín
y comenzó a tocar de oído
algunos fragmentos de conciertos para violín,
que luego me pedía que completara, Mendelssohn,
Tchaikovsky, Sibelius.
Y comenzamos a hablar sobre música, desde Bach
hasta Beethoven y Brahms,
Bruckner, todos los Bs,
desde Bartók, todo el camino hasta Esa-Pekka Salonen.
Y entendí que él no sólo
tenía un conocimiento enciclopédico de música
sino que se identificaba con esta música a un nivel personal.
El habló sobre ello con el tipo de pasión
y entendimiento que yo comparto con mis colegas
en la Filarmónica de Los Angeles.
Y a través de tocar música y hablar de música
este hombre se transformó
del hombre paranoico perturbado
que había venido de caminar las calles
del centro de Los Angeles
al encantador, erudito,
brillante músico educado en Julliard.
La música es medicina. La música nos cambia.
Y para Nathaniel la música es cordura.
Porque la música le permite tomar sus pensamientos
y sus delirios y transformarlos
a través de su imaginación y su creatividad
en realidad.
Y esto es un escape
de su estado atormentado.
Y yo entendí que esto era la misma esencia del arte.
Esto era el verdadero motivo por el que hacemos música,
que tomamos algo que existe dentro de todos nosotros,
en nuestra verdadera esencia fundamental,
nuestras emociones,
y a través de nuestro lente artístico,
a través de nuestra creatividad, somos capaces de transformar esas emociones en realidad.
Y la realidad de esa expresión
nos alcanza a todos,
nos mueve, nos inspira y nos une.
Y para Nathaniel,
la música lo trajo de vuelta al grupo de amigos.
El poder redentor de la música lo regresó
a la familia de músicos
que lo entendió,
que reconoció sus talentos
y lo respetó.
Y yo siempre haré música con Nathaniel,
ya sea que estemos en el Walt Disney Concert Hall,
o en Skid Row, ya que él me recuerda
porqué me convertí en músico.
Gracias
(Aplausos)
Bruno Giussani: Gracias. Gracias.
Robert Gupta
(Aplausos)
Robert Gupta: Quiero tocar algo que sin verguenza alguna robé de los celistas.
Así que por favor discúlpenme.
(Risas)
(Música)
(Aplausos)
Michael Merzenich y la plasticidad cerebral
sábado, 9 de febrero de 2013
Música analgésica
Durante mucho tiempo se ha discutido el efecto de la música en la salud
corporal, no solo en sus evidentes consecuencias psicológicas —la música
puede lo mismo relajar que crispar los nervios— sino en aspectos mucho
más fisiológicos equiparables a los que busca la medicación
farmacéutica.
Recientemente un equipo de
investigadores de la Universidad de Utah realizó un experimento en que
se aplicó a ciertos voluntarios choques eléctricos en intensidad
creciente sobre sus manos, al tiempo que escuchaban música y se les
pedía que identificaran ciertas notas y tonos. Midiendo la dilatación de
sus pupilas y la actividad cerebral, los científicos encontraron que
conforme las personas se enfocaban en las melodías, experimentaban mucho
más alivio a su dolor. Además, el efecto fue mucho más notorio en
aquellos que habían mostrado mucho más ansiedad al inicio de la prueba.
Estos resultados se complementan con los
de un estudio sueco de 2009 en que se mostró que niños expuestos a
terapia musical después de una cirugía menor requirieron cantidades
menores de morfina en comparación con aquellos que no contaron con este
tratamiento.
Lo que queda por analizar, sin embargo,
es el efecto de esta terapia alternativa, pues hay quienes aseguran que
el impacto de la música sobre el dolor no es suficiente como para
convertirse en sucedáneo de medicamentos analgésicos. Sea como fuere,
sin duda vale la pena experimentar en carne propia y la próxima ocasión
que sobrevenga algún tipo de dolor físico, correr no a la farmacia o al
botiquín, sino a un reproductor de sonido y elegir una pieza que, según
el gusto personal y el conocimiento que de sí tenga cada quien, parezca
más apropiada para aliviar nuestros dolores.
jueves, 7 de febrero de 2013
El ritmo y el control de la impulsividad
(cc) Junction Festival
Investigaciones recientes muestran que el uso de patrones
rítmicos facilita la respuesta óptima en el tiempo, por lo que el
entrenamiento mediante ritmos podría proponerse como terapia novedosa
ante problemas como la impulsividad. Esto podría beneficiar a pacientes
con daño prefrontal o personas con trastorno por déficit de atención e
hiperactividad (TDAH), que suelen mostrar conductas impulsivas, así como
dificultad para estimar el paso del tiempo.
[Versión en pdf]
¿Quién no ha cantado o bailado al son de una canción? El ritmo de la
música parece proporcionar información temporal predictiva y fiable. Es
decir, todo el mundo sabe cuándo será el siguiente “pulso” rítmico de la
canción (sobre todo si es conocida), lo cual nos permite sincronizar
nuestros movimientos con el ritmo. El ser humano tiene la capacidad de
emitir sus respuestas en el momento óptimo, y los ritmos proporcionan
una información predictiva poderosa (Barnes y Jones, 2000). Así, de
forma automática y sin necesidad de pensar, el ritmo induce en el
individuo una expectativa temporal, que le permite anticipar cuándo va a
suceder el siguiente evento (algo que hacen incluso los bebés, Sanabria, 2008).
En la última década se ha retomado el estudio científico del tiempo y
su relación con diversas alteraciones en las que las personas dan
respuestas adecuadas, pero en momentos inoportunos, es decir, responden
precipitadamente antes de tiempo. Así, la impulsividad mostrada por
pacientes con daño cerebral en el lóbulo prefrontal o por niños con
trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) parecen
relacionadas con dificultades en la estimación y preparación temporal
(Berlin, Rolls y Kischka,, 2004; Toplak, Dockstader y Tannok, 2006).
Actualmente los problemas de impulsividad se interpretan únicamente como
un déficit en el control cognitivo y comportamental, por lo que su
intervención se basa principalmente en dotar al paciente de estrategias
que le permitan autocontrolar su conducta. Sin embargo, dada la relación
cada vez más evidente de la impulsividad con los procesos temporales,
abordar los problemas conductuales de estos pacientes desde paradigmas
de preparación temporal podría ser no sólo novedoso teóricamente, sino
también un avance en la eficacia de su terapia neuropsicológica. De
hecho, algunas investigaciones han mostrado cómo pacientes con lesión
prefrontal son capaces de sincronizarse con un patrón rítmico (Berlin y
cols., 2004). Esta capacidad predictiva de los ritmos se ha relacionado
también con mejoras en la atención de niños con TDAH (Shaffer y cols.,
2000).
Recientemente, un estudio de nuestro laboratorio (Triviño, Correa, Arnedo y Lupiáñez, 2010; véase también Triviño y col, 2010)
encontró que los pacientes con lesión prefrontal derecha mostraban
dificultades para responder de forma adecuada y anticipar la llegada de
los estímulos cuando tenían que utilizar información temporal explícita
proporcionada por una señal no rítmica, es decir, un símbolo arbitrario
al que se le atribuye información temporal (en nuestro caso, una línea
corta o larga que indicaba un intervalo corto o largo, véase la Figura
1). En cambio, los pacientes con lesión prefrontal izquierda presentaron
una ejecución semejante al grupo control sano.
Figura
1.- Secuencia de acontecimientos en la tarea con señal simbólica.
Primero se presentaba a los participantes una señal temporal que podía
ser una línea corta o larga que indicaba la aparición del estímulo en
350 o 1.350 ms, respectivamente. A continuación, la pantalla quedaba en
blanco durante un intervalo de tiempo de 350 o 1.350 ms. Inmediatamente
después del intervalo corto o largo, aparecía una letra ante la cual los
sujetos debían responder. Se manipulaba la validez de la señal, de
forma que en un 75% de las ocasiones la línea indicaba correctamente el
momento de aparición de la letra (i.e., línea corta-pronto y línea
larga-tarde), pero en un 25% de los ensayos la señal era inválida (i.e.,
línea corta-tarde y línea larga-pronto). Si la persona usa la
información temporal proporcionada por la línea, responde más
rápidamente cuando la señal es válida que cuando es inválida.
Basándonos en estos resultados, realizamos otro estudio (Triviño y
col., 2011) donde comparamos esta misma señal con una de tipo rítmico
(Figura 2), con la intención de observar si los pacientes con lesión
prefrontal derecha podrían mejorar su ejecución. En este caso, la señal
consistía en unas líneas que aparecían o desaparecían con un ritmo
rápido o corto, de forma que el propio ritmo informaba a los sujetos
acerca de cuándo aparecería el estímulo.
Figura
2.- Procedimiento en la tarea con señal rítmica. La única diferencia es
que la señal consistía en una doble línea que aparecía y desaparecía
cinco veces con un patrón rítmico rápido (cada 350 ms) o lento (cada
1350 ms). La quinta y última línea mostraba un mayor grosor para alertar
a los participantes de la aparición de la letra y, por tanto, del
momento para preparar su respuesta (pronto o tarde, respectivamente).
Tal y como esperábamos, al utilizar la señal simbólica encontramos
una réplica de los resultados previos (véase la Figura 3A): los
pacientes prefrontales derechos no fueron capaces de beneficiarse de la
señal para preparar su respuesta. Sin embargo, cuando se utilizaron
ritmos visuales para proporcionar la información temporal, la ejecución
de los pacientes con lesión prefrontal derecha mejoró claramente,
igualándose a la de los controles (véase la Figura 3B). Curiosamente,
los pacientes con lesión prefrontal izquierda empeoraron su ejecución
con los ritmos. Esto nos proporciona unos resultados interesantes para
continuar investigando cómo se procesa la información temporal
automática (ritmos) en contraposición con la información temporal
proporcionada por claves simbólicas. Algunos estudios, de hecho, apuntan
a una mayor lateralización izquierda en el procesamiento de ritmos
(Grahn y McAuley, 2009), mientras que otros encuentran una
lateralización derecha en la preparación temporal y espacial basada en
señales simbólicas (Coull, Frith, Büchel y Nobre, 2000).
Figura
3.- A) Preparación temporal (diferencia entre señal válida e inválidad)
en la tarea simbólica en el grupo de pacientes prefrontales izquierdos,
de pacientes prefrontales derechos y en el grupo control. B)
Preparación temporal en la tarea de ritmos.
Estos resultados son relevantes de cara a la rehabilitación
neuropsicológica, ya que justifican el uso de patrones rítmicos
predictivos y tareas de sincronización para reducir problemas
conductuales en pacientes con daño cerebral adquirido, así como en otras
poblaciones en las que se han relacionado los déficits motores y
conductuales con alteraciones en la percepción temporal, tales como la
enfermedad de Parkinson, corea de Huntington, esquizofrenia, trastorno
límite de la personalidad o TDAH. Sin embargo, puede que los patrones
rítmicos no beneficien a todos los pacientes y, por tanto, se necesita
más investigación.
Referencias
Barnes, R., y Jones, M. R. (2000). Expectancy, attention, and time. Cognitive Psychology, 41, 254–311.
Berlin, H.A., Rolls, E.T., y Kischka, V. (2004). Impulsivity, time
perception, emotion and reinforcement sensitivity in patients with
orbitofrontal cortex lesions. Brain, 127, 1108-1126.
Coull, J. T., Frith, C. D., Büchel, C., y Nobre, A. C. (2000).
Orienting attention in time: Behavioural and neuroanatomical distinction
between exogenous and endogenous shifts. Neuropsychologia, 38, 808–819.
Grahn, J. A., y McAuley, J. D. (2009). Neural bases of individual differences in beat perception. Neuroimage, 47, 1894–1903.
Shaffer, R. J., Jacokes, L. E., Cassily, J. F., Greenspan, S. I.,
Tuchman, R. F., y Stemmer, P. J. (2001). The effect of interactive
metronome training in children with ADHD. The American Journal of Occupational Therapy, 55, 155-162.
Toplak, M.E., Dockstader, C., y Tannok, R. (2006). Temporal information processing in ADHD: Findings to date and new methods. Journal of Neuroscience Methods, 151, 15-29.
Triviño, M., Arnedo, M., Lupiáñez, J., Chirivella, J., y Correa, A.
(2011). Rhythms can overcome temporal orienting deficit after right
frontal damage. Neuropsychologia, 49, 3917-3930.
Triviño, M., Correa, A., Arnedo, M., Lupiáñez, J. (2010). Temporal orienting after prefrontal damage. Brain, 133, 1173–1185.
Mónica Triviño (a), Marisa Arnedo (b), Juan Lupiáñez (c) y Ángel Correa (c)
(a) Servicio de Neuropsicología, Hospital Universitario San Rafael, Granada, España
(b) Dept. de Psicobiología, Universidad de Granada, España
(c) Dept. de Psicología Experimental, Universidad de Granada, España
Tomado de: http://medina-psicologia.ugr.es/cienciacognitiva/?p=569
Cerebros musicales sexuados
[Versión en pdf]
Desde hace varios años, en nuestro laboratorio venimos desarrollando
un proyecto dirigido a investigar el fundamento nervioso de la emoción
musical. En este proyecto hemos escogido como estímulos musicales obras
maestras de la música clásica, calibradas por su capacidad de inducir
emociones positivas de placer y negativas de desagrado en numerosos
grupos de participantes (Díaz, Flores-Gutiérrez, del Río-Portilla, y
Corsi-Cabrera, 2009). Para medir la emoción subjetiva inducida por la
música usamos escalas de adjetivos que denotan emociones, también
validadas independientemente (Díaz y Flores, 2001; Flores-Gutiérrez y
Díaz, 2009) y cuya estructura identifica cinco grandes factores:
agradabilidad, tristeza, activación y atención (Ramos, Guevara,
Martínez, Arce, del Río-Portilla y Corsi-Cabrera, 1996). Finalmente,
utilizamos dos técnicas de imágenes cerebrales para investigar la
activación cerebral: la resonancia magnética funcional (fMRI) y la
actividad eléctrica cerebral (EEG) (Flores-Gutiérrez, Díaz, Barrios,
Favila-Humara, Guevara, del Río-Portilla y Corsi-Cabrera, 2007; Ramos y
Corsi-Cabrera, 1989). La fMRI permite visualizar las zonas activas del
cerebro durante el estímulo musical y el EEG permite seguir los cambios
inducidos por el flujo continuo de los sonidos musicales y obtener un
promedio temporal de la actividad cerebral.
En una fase reciente de nuestro proyecto sobre los fundamentos
nerviosos de la emoción musical nos ha interesado un hecho bien
establecido. La genética y la influencia de las hormonas sexuales, en
constante interacción con el medio ambiente y la cultura, confieren a
los cerebros masculino y femenino una organización distinta. El cerebro
masculino es más especializado intra e interhemisféricamente, mientras
que el femenino tiene una organización funcional más homogénea, con
mayor conectividad funcional y coherencia (o sincronía) eléctrica
interhemisférica. Ello resulta en diferencias sexuales en la cognición y
la emoción (Corsi-Cabrera, Del Río-Portilla y Muñoz-Torres, 2007).
La mayor relación funcional entre hemisferios en las mujeres puede
subyacer a la mayor utilización combinada de los modos de procesamiento
de ambos hemisferios, permitiéndoles atender e integrar mejor el
contenido verbal y emocional de los mensajes. Por ejemplo, las mujeres
detectan mejor que los hombres la entonación de sonidos no verbales, la
congruencia o incongruencia entre el contenido verbal y la entonación
emocional, y categorizan más fácilmente la emoción expresada en los
rostros. La reacción a la música también es diferente: las mujeres
prefieren la música suave y reaccionan más positivamente a ella,
mientras que los hombres prefieren músicas más enérgicas, como el rock.
Por lo tanto, investigamos las redes cerebrales de actividad
coherente (síncrona) relacionadas con la emoción subjetiva al escuchar
música en un grupo de hombres y otro de mujeres mediante una técnica
especial de correlación entre electrodos (Flores-Gutiérrez, Díaz,
Barrios, Guevara, del Río-Portilla y Corsi-Cabrera, 2009). Para esto se
registró la actividad eléctrica cortical mientras los voluntarios
escuchaban en diferente orden tres obras maestras de la música
seleccionadas por su capacidad para inducir emociones agradables o
desagradables (Flores-Gutiérrez y Díaz, 2009; Ramos y col., 1996). Para
inducir emociones musicales placenteras y relajadas se presentó una
pieza suave de piano en tempo andante (Invención para tres voces, BWV
789 de J. S. Bach) y otra orquestal y dramática para inducir activación
además de agrado (segundo movimiento allegro-agitato de la sinfonía
número 5 de Mahler). Para inducir emociones desagradables utilizamos
una composición inquietante de Prodromidès para la película Danton. Cada
pieza se dividió en segmentos consecutivos de 30 segundos, intercalados
con ruido blanco de estática de radio de la misma duración. Después de
cada pieza, los participantes evaluaron sus emociones en 19 escalas. Se
obtuvieron las redes coherentes para cada tipo de emoción, y como
control las inducidas por el promedio de las tres músicas y el ruido.
Figura 1.- Actividad alfa-coherente durante la emoción inducida por la música en hombres y en mujeres.
Descubrimos que distintas redes coherentes de actividad alfa (entre 8
y 12 Hz) distinguen a las emociones placenteras de las desagradables
inducidas por la música en hombres y en mujeres. La emoción musical
agradable se caracteriza por una red coherente formada por regiones
frontales y regiones posteriores de asociación izquierdas. Como puede
verse en la Figura 1, la red es notoriamente más amplia en las mujeres
que en los hombres, relacionando las regiones posteriores de asociación
con el resto del hemisferio izquierdo. La emoción musical desagradable
se acompaña por una red que liga regiones frontales con la línea media.
En los hombres, ésta involucra la región frontal derecha, mientras que
en las mujeres la participación frontal es bilateral. La participación
de redes más amplias en las mujeres es consistente con la idea de que
las mujeres unifican la lógica y la emoción en una misma experiencia.
Los estudios de las bases neurológicas de la música se inscriben en
una nueva tendencia de analizar la actividad cerebral durante la
experiencia estética, que abre un campo interdisciplinario fascinante
entre las disciplinas biológicas y las humanidades.
María Corsi-Cabrera (a) y José Luis Díaz (b)
(a) Facultad de Psicología, Universidad Nacional Autónoma de México, México
(b) Departamento de Historia y Filosofía de la Medicina, Facultad de Medicina, Universidad Nacional Autónoma de México, México
(a) Facultad de Psicología, Universidad Nacional Autónoma de México, México
(b) Departamento de Historia y Filosofía de la Medicina, Facultad de Medicina, Universidad Nacional Autónoma de México, México
Corsi-Cabrera, M., Del Río-Portilla, Y., y Muñoz-Torres, Z. (2007) Sex-steroid dimorphic effects on functional brain organization: Differences in cognition, emotion and anxiolysis. En: M. T. Czerbska (Ed.) Psychoneuroendocrinology Research Trends. New York: Nova Science Publishers, Inc. pp. 7-72.
Díaz, J. L., Flores-Gutiérrez, E., del Río-Portilla, Y., y Corsi-Cabrera, M. (2009) Musical emotion assessment, brain correlations and gender differences. En: Ivanova T. E. (Ed.) Music: Composition, interpretation and effects. New York: Nova Science Publishers, Inc.
Díaz, J. L., y Flores, E. (2001) La estructura de la emoción humana: un modelo cromático del sistema afectivo. Salud Mental, 24: 20-35.
Flores-Gutiérrez, E., Díaz, J. L., Barrios, F. A., Guevara, M. A., del Río-Portilla, Y., y Corsi-Cabrera, M. (2009) Differential alpha coherence hemispheric patterns in men and women during pleasant and unpleasant musical emotions. International Journal of Psychophysiology, 71, 43-49.
Flores-Gutiérrez, E., y Díaz, J. L. (2009) The emotional response to music: Attribution of emotion words to musical segments. Salud Mental, 32, 21-34.
Flores-Gutiérrez, E., Díaz, J. L., Barrios, F. A., Favila-Humara, R., Guevara, M. A., del Río-Portilla, Y., y Corsi-Cabrera, M. (2007) Metabolic and electric brain patterns during pleasant and unpleasant emotions induced by music materspieces. International Journal of Psychophysiology, 65, 69-84.
Ramos, J., Guevara, M. A., Martínez, A., Arce, C., del Río-Portilla, Y., y Corsi-Cabrera, M. (1996) Evaluación de los estados afectivos provocados por la música. Revista Mexicana de Psicología, 13, 131-145.
Ramos, J., y Corsi-Cabrera, M. (1989) Does brain electrical activity react to music? International Journal of Neuroscience, 47, 351-357.
Zeki, S. (1999/2003) Inner Vision. An Exploration of Art and the Brain. Oxford University Press.
Música y percepción de las marcas publicitarias
Escuchar un spot publicitario acompañado de música
jazz, swing o clásica produce una reacción emocional distinta hacia la
marca anunciada y sobre la persona que lanza el mensaje. Estas son las
principales conclusiones de un estudio de la Universidad del País Vasco,
que analiza el efecto de los recuerdos y reacciones emocionales que
provoca la música de un anuncio.
La inserción de melodías en el anuncio, congruentes con el mensaje y
la marca pero diferentes en el estilo, generan diferentes impresiones.
“Nuestro estudio corrobora que la inserción de distintas melodías en
el anuncio, adecuadas y congruentes con el mensaje y la marca, pero
diferentes en estilo –cambio de tempo y tono– generan diferentes
impresiones, tanto del comunicador como de la marca”, declara a SINC
Patrick Hartmann, coautor del estudio que publica African Journal of Business Management e investigador de la Universidad del País Vasco.
Para
llegar a esta conclusión se llevó a cabo una encuesta entre una muestra
aleatoria de 540 consumidores españoles (de entre 15 y 65 años) a los
que se les expuso a una serie de anuncios publicitarios radiofónicos de
una marca de agua mineral ficticia, diseñados específicamente para la
investigación.
Los resultados de la encuesta midieron la
percepción hacia el comunicador del anuncio, la generación de reacciones
emocionales y la actitud hacia la marca (‘evaluación global’ e
‘intención de comprar’) a partir de la escucha.
“Se trataba de
cuatro anuncios experimentales, uno sin música y tres con acompañamiento
musical, con texto idéntico y con un nombre ficticio. Los cuatro se
grabaron en la Cadena Ser y a cada sujeto se le expuso a una sola de las
versiones”, explica Hartmann.
La música seleccionada no contenía
letra –para que el texto no interfiriera en la evocación de recuerdos– y
se escogió tras varias sesiones de grupo con expertos de una agencia de
publicidad. Finalmente, dos de las versiones musicales (no conocidas
por el público) se crearon específicamente para los anuncios y una
tercera versión (de música conocida) fue What a Wonderful World de Louis Armstrong.
“Para
la variable, ‘reacción emocional generada’ en el consumidor, se
obtienen puntuaciones medias significativamente más altas en las
versiones del anuncio con acompañamiento musical frente al anuncio sin
música, así como puntuaciones medias significativamente más altas en la
versión con la famosa melodía de Louis Armstrong, frente a las otras dos
versiones de canciones no conocidas”, afirma el trabajo.
El compás marca el mensaje
Para
conocer el vínculo asociativo ‘melodía-marca’, una vez terminada la
encuesta, se expuso a los sujetos a la escucha de los tres anuncios
experimentales con música. Los resultados muestran que la primera pieza
musical que se escucha se aprende y memoriza rápidamente y es la que la
mayoría (73,3%) considera más adecuada para el anuncio y la marca.
“La
exposición conjunta a una melodía específica y una marca crea un
vínculo asociativo, muy rápidamente, entre dicha melodía y la marca en
la memoria del consumidor”, añade Hartmann.
Por otro lado, el
estilo musical también afecta a las impresiones sobre la persona que
lanza el mensaje en el anuncio. “De acuerdo con el concepto de
‘adecuación musical’, los sujetos que escucharon la versión con música
en tonalidad mayor y tempo más rápido calificaron a la comunicadora como
más alegre, inquieta, nerviosa, impaciente, jovial, deportiva,
entusiasta y atrevida, en comparación con la segunda versión musical”.
Por
el contrario, “los individuos expuestos a una versión de tonalidad
menor y tempo más lento percibieron a la comunicadora como más
tranquila, relajada, paciente, delicada, comprensiva, disciplinada,
madura y de mayor confianza”, señala el experto.
Esto también
ocurre respecto a los atributos que trasladamos a la marca con la
escucha de las dos versiones. Mientras que los sujetos expuestos a la
primera versión percibieron la marca como “más enérgica, deportiva,
excitante, refrescante, joven y festiva”, la segunda música produjo una
impresión “más delicada, suave, relajante, madura, natural y saludable”.
“Una
marca podrá verse condicionada por una melodía específica desde el
primer momento en que dicha melodía se asocia con la marca. Así, la
música será, en buena parte, (junto a sus recuerdos y emociones
asociadas), lo que haga que una marca resulte identificable en la mente
del comprador”, concluye el estudio.
------------------------------------Referencia bibliográfica:
“Memory, emotions and rock 'n' roll: The influence of music in advertising, on brand and endorser perception”, Vanessa Apaolaza Ibañez, Mark Zander, Patrick Hartmann African Journal of Business Management, 4 (17): 3805-3816, diciembre 2010.
tomado de: http://www.agenciasinc.es/Noticias/Asi-influye-la-musica-de-un-anuncio-en-la-percepcion-sobre-la-marca
Música y cerebro
Inteligencia Musical
Música y Movimiento
¿Depende
nuestra percepción musical de la forma en que nos movemos? Estudios
recientes demuestran que nuestro movimiento modula la percepción del
ritmo, resaltando el carácter multisensorial de nuestra experiencia
musical. Estudios con bebés y adultos destacan el importante papel del
movimiento en la percepción musical.
La música forma parte de nuestras vidas desde que nacemos. La música
ha jugado y juega un papel importante en nuestro desarrollo
sociocultural e incluso, para algunos investigadores, la percepción de
patrones sonoros rítmicos podría influir en la adquisición del lenguaje
(Jusczyk, 1999). Detrás de esta habilidad para percibir y producir
música existen una serie de procesos complejos que los investigadores
están logrando desentrañar en los últimos años (ver Koelsch y Siebel,
2005, para una revisión).
En el campo de la cognición musical, la mayoría de los estudios tanto
comportamentales como neurocientíficos se centran en el sistema
auditivo (cortex auditivo) y su capacidad para percibir los tonos y
ritmos que conforman los estímulos musicales. Sin embargo, no podemos
olvidar un aspecto crucial en la música: el movimiento.
El estudio de la percepción multisensorial nos enseña que la
información que llega a través de nuestros sentidos interactúa y se
integra en el cerebro. Así, sabemos que la información visual puede
influir en la percepción auditiva (el fenómeno del ventrílocuo), e
incluso en la percepción olfativa (ver Calvert, Spence, y Stein, 2004,
para una revisión). Como experiencia multisensorial, está claro que la
información auditiva contenida en los estímulos musicales puede influir
en nuestra propiocepción: la música nos invita a movernos. Ahora bien,
¿dependerá nuestra percepción musical de nuestra propiocepción? En otras
palabras, ¿puede verse afectada nuestra percepción musical por cómo nos
movemos?
Phillips-Silver y Trainor (2005, 2007) han demostrado que el modo de
movernos puede determinar nuestra percepción de un patrón auditivo
rítmico. Quizás el resultado más sorprendente proviene de su
investigación con bebés de 7 meses (Phillips-Silver y Trainor, 2005). En
una primera fase (fase de exposición), las investigadoras presentaban a
los bebés un patrón rítmico ambiguo, análogo auditivo de estímulos
visuales ambiguos como los famosos vasos de Rubin (Figura 1),
caracterizados porque un mismo estímulo puede ser interpretado de dos
modos diferentes. El ritmo consistía en seis pulsos sonoros (puedes
oírlo aquí)
que pueden percibirse agrupados en dos grupos de tres pulsos o en tres
grupos de dos pulsos, en función de dónde se ponga el acento musical
(ver Figura 2).
A uno de los grupos de bebés, siguiendo las instrucciones del
experimentador, las madres los balanceaban cada dos pulsos,
sincronizando sus movimientos a un ritmo doble. Al otro grupo de bebés
las madres los balanceaban cada tres pulsos, sincronizando sus
movimientos a un ritmo triple. En una fase posterior (fase de test), los
bebés escuchaban una variante no ambigua del mismo ritmo que en la fase
de exposición, pero esta vez acentuada cada dos pulsos (ritmo doble) o cada tres pulsos (ritmo triple).
La hipótesis principal del estudio era que los bebés mostrarían
preferencia por uno u otro ritmo en función del movimiento que habrían
experimentado en la primera fase. Para medir las preferencias de los
bebés, se usó el siguiente procedimiento. Cada ensayo comenzaba cuando
se encendía una luz, a la izquierda o la derecha del bebé, que iluminaba
un juguete que servía para fijar su mirada (mientras tanto las madres y
la experimentadora escuchaban música no relacionada con el estudio para
evitar que sesgaran de alguna forma la elección de los bebés). En ese
mismo instante comenzaba a sonar uno de los dos ritmos no ambiguos.
Cuando el niño dejaba de mirar al juguete durante más de un segundo, la
luz se apagaba y el ritmo dejaba de sonar. De esta forma, el mismo bebé
controlaba el tiempo que estaba escuchando el ritmo. La medida de
interés era el tiempo que los bebés escuchaban cada uno de los estímulos
auditivos. Confirmando sus hipótesis, las investigadoras encontraron
que los bebés mostraron mayor preferencia por el ritmo que coincidía con
el ritmo de balanceo experimentado en la fase de exposición. El
movimiento previo condicionaba la percepción del ritmo musical en los
bebés.
En un estudio posterior, Phillips-Silver y Trainor (2007) replicaron
estos mismos resultados con participantes adultos, potenciando sus
hallazgos. Experimentos adicionales mostraron que se obtienen los mismos
resultados cuando se vendan los ojos a los bebés y adultos
participantes, mientras que desaparecen cuando no hay movimiento propio
sino sólo observación del movimiento de otra persona. La modulación de
la percepción del ritmo musical depende sólo, por tanto, del propio
movimiento (activo, o pasivo en el caso de los bebés).
Los resultados de estos estudios indican que la percepción del ritmo
musical está fuertemente vinculada al movimiento, percibido mediante los
sistemas vestibular y propioceptivo. En definitiva, el trabajo de estas
investigadoras canadienses revela el carácter multisensorial de nuestra
experiencia musical. La próxima vez que nos movamos al son de la
música, quizás debamos tener en cuenta que nuestra percepción va a
depender de cómo nos movamos.
Referencias
Calvert, G. A., Spence, C., & Stein, B. E. (Eds.) (2004). The handbook of multisensory processes. Cambridge, MA: MIT Press.
Phillips-Silver, J., & Trainor, L. J. (2005). Feeling the beat:
movement influences infant rhythm perception. Science, 308, 1430.
Phillips-Silver, J. & Trainor, L. J. (2007). Hearing what the
body feels: Auditory encoding of rhythmic movement. Cognition, 105,
533-546.
Jusczyk, P. W. (1999). How infants begin to extract words from speech. Trends in Cognitive Sciences, 3, 323-328.
Koelsch, S. & Siebel, W. A. (2005). Towards a neural basis of music perception. Trends in Cognitive Sciences, 12, 578-584.
17 marzo, 2008
Daniel Sanabria
Dept. de Psicología Experimental y Fisiología del Comportamiento, Universidad de Granada, España
Suscribirse a:
Entradas (Atom)










